domingo, julio 3, 2022

REVISTA SEMANA REVELA el plan secreto de Otoniel para fugarse y evitar su extradición

La revista colombiana Semana publicó un reportaje donde revela cómo el exjefe del Clan del Golfo, alias Otoniel, pensaba evadir su extradición a los Estados Unidos que, finalmente, se realizó hace apenas unos días

Eran las 3:00 p. m. del pasado miércoles 4 de mayo. Varios uniformados de la Policía y la Interpol llegaron a la celda de Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, en la Dijín, donde completaba 193 días desde que fue capturado.

El detenido recibió la visita sentado frente a una pequeña mesa, acondicionada en el lugar. Allí se inició el trámite de su extradición a Estados Unidos.

Uno de los seis policías a cargo de la diligencia, grabada en video y conocida en exclusiva por la revista Semana, dejó en claro ese día que había testigos del trámite.

“Yo le dejo la copia como está establecido para su nombre y firma”, le dijo a Otoniel, vestido de chaqueta negra, con tapabocas, quien se vio desconcertado en las imágenes.

En el momento en el que el policía le explicó que se trataba del acto administrativo de su extradición, Otoniel solo preguntó: “¿De qué?”, y miró a los uniformados de pies a cabeza.

Cuando le notificaron que sería enviado a Estados Unidos en los próximos minutos, se negó a firmar el documento.

Otoniel intercambió algunas palabras, mientras movía sus manos en señal de protesta. Un coronel jefe de la Interpol estuvo todo el tiempo frente a la seguridad del capo.

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Otoniel fue extraditado a Estados Unidos, donde se declaró inocente. Foto cortesía

El fracaso de su plan

Su sofisticado plan para evitar una prisión federal había fracasado. Semana conoció documentos reservados que prueban que las autoridades colombianas no solamente grababan las 24 horas del día los movimientos del exjefe del Clan del Golfo en su celda (salvo las visitas conyugales) y lo escuchaban de manera legal, sino que descubrieron que tenía dos objetivos en marcha.

El primero consistía en boicotear su extradición mediante maniobras dilatorias en los despachos judiciales.

Para ello, el eje central sería una especie de tutelaje de víctimas que alegaban la necesidad de que Otoniel permaneciera en Colombia.

De hecho, cuando la Corte Suprema de Justicia autorizó la extradición del peligroso capo, una tutela en el Consejo de Estado le puso un freno temporal al trámite.

Sin embargo, ese alto tribunal, el pasado miércoles, levantó la restricción. El presidente Iván Duque, de inmediato, dio la orden de extraditarlo. La polémica estalló.

Mientras que gran parte del país y las autoridades de Estados Unidos aplaudieron a Duque y a la fuerza pública, un sector de la oposición lo criticó por haber extraditado al capo supuestamente más rápido de lo normal, aunque ya llevaba casi siete meses tras las rejas.

El presidente Iván Duque dijo que “en este gobierno no graduamos de estadistas a los delincuentes”.


“En este gobierno no graduamos de estadistas a los delincuentes (…) Aquí nada se ha hecho de carrera. De hecho, este delincuente se hubiese podido ir la semana pasada cuando se dio la medida cautelar del Consejo de Estado. Se tomaron los tiempos, se esperó a que se adelantara el proceso en la sala respectiva. La sala de forma unánime negó esa tutela. Y por eso se procedió”, dijo el presidente Duque.

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Los recursos

Justo a la misma hora en que Otoniel era entregado a los agentes de la DEA, otra tutela –que podría haber postergado el operativo– fue interpuesta de afán ante la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia por una mujer identificada como Jessica Tatiana Betancourt Álvarez.

El recurso legal se instauró contra el presidente de la república, la Sala de Casación Penal, la Fiscalía, la JEP y todas las partes intervinientes en la extradición del más importante capo de la droga capturado en el país desde la muerte de Pablo Escobar, en 1993.

Otoniel también intentó persuadir a la Procuraduría y a la JEP en una de las audiencias, en medio de la cual se echó a llorar y se mostró como una víctima de supuesto maltrato de quienes lo vigilaban. Solo quería impresionar a los presentes. Todo formaba parte de un libreto.

Otoniel estuvo permanentemente vigilado por las autoridades colombianas, que develaron la estrategia del capo: dilatar el proceso jurídico y buscar el mejor escenario para una fuga. Marcaba sus prendas de vestir y las usaba para enviar mensajes fuera de la prisión.


Otoniel estuvo permanentemente vigilado por las autoridades colombianas, que develaron la estrategia del capo: dilatar el proceso jurídico y buscar el mejor escenario para una fuga. Marcaba sus prendas de vestir y las usaba para enviar mensajes fuera de la prisión. – Foto: Suministradas a Semana


El segundo plan de Otoniel apuntaba a un traslado de la Dijín a otro centro penitenciario o a un centro médico con el fin de fugarse.

Lo encadenaron

Cumpliendo con todos los trámites legales, el capo fue enviado esa misma tarde del 4 de mayo a Estados Unidos.

Encadenado de pies y manos, vistiendo el overol gris, las cámaras lo captaron lanzando madrazos, con los ojos llenos de lágrimas, respirando profundo, inquieto, y luego con su habitual sonrisa desafiante, la misma que mostró el día en que lo capturaron. Ese gesto le cambió apenas pisó territorio estadounidense. Las primeras fotos lo dejaron ver con el ceño fruncido.

En ese país lo espera una pequeña celda en la ADX Florence, considerada la cárcel más segura de Estados Unidos y el mundo.

“Otoniel tendrá un calabozo bien reducido para que se escuche los madrazos (…). Él podrá echar los madrazos que quiera. Ahora sí que va a tener espacio en un calabozo de espacio reducido, sin ningún tipo de lujo o confort, y sin ninguna capacidad de manipulación y de articular algún complot”, aseguró el presidente Duque.

Inocente

En la Corte de Nueva York, Otoniel se declaró inocente de los cargos por narcotráfico esta semana.

“La verdad es que es el colmo del descaro. Estamos hablando del narcotraficante más peligroso del mundo, pero le vendrá una sanción severa en ese país, no tengo duda de eso. Y también no tengo duda de que, una vez cumpla esa condena, tendrá en nuestro país también una sanción severa, proporcional a los crímenes que cometió”, aseveró el presidente Duque.


Los investigadores pudieron establecer que entre los planes del capo estaba lograr que las tutelas fueran agrupadas y que, de una u otra forma, pudieran llegar a ser revisadas por la Corte Constitucional, lo cual tomaría un tiempo de estudio considerable.

Algunas fuentes consultadas aseguran que Otoniel buscaba no ser extraditado bajo el Gobierno Duque con la intención de plantearle una supuesta negociación al nuevo presidente.

En ella incluiría un aparente sometimiento a la justicia de otros cabecillas del Clan del Golfo, como alias Chiquito Malo y alias Sipas, quienes heredaron el poder de esa organización criminal.

“Es de entender que para este cabecilla esa figura de ‘sometimiento’ no hacía referencia a volcar todo el Clan del Golfo a la justicia, estaba direccionado hacia intereses criminales de obtener beneficios y reducción de pena, paralelo a dar continuidad a sus actividades de narcotráfico y lavado de activos. Frente a lo anterior, generó contactos y envió mensajes de acercamientos a cabecillas del ‘estado mayor’ como alias Chiquito Malo y alias Sipas ante una aparente entrega de integrantes y rutas para consolidar su ‘acuerdo’ y ‘gesto’ de voluntad con los gobiernos colombo-americano”, señala el informe secreto.

Lo que hizo la defensa

En el caso de los recursos judiciales, la defensa de Otoniel instauró 87 derechos de petición, ocho acciones de tutela, en las cuales vinculaba en cinco a la Policía. En una de ellas pedía la solicitud de ingreso de un abogado estadounidense. De esta manera, según el documento, el capo buscaba “incidir en las instancias judiciales y tratar de ‘burlar’ el aparato de justicia”.

“Alias Otoniel fraguó un plan denominado ‘Las víctimas’, al intentar demostrar que conocía la verdad y que era la manera más clara en demorar su proceso judicial ante la Corte Suprema de Justicia y las diferentes instancias”, dice el reporte, que agrega que el capo buscaba ganar tiempo y manipular todo bajo “un falso esclarecimiento de la verdad”.

En la Dijín, donde permanecía bajo estrictas medidas de seguridad tras ser capturado en octubre de 2021 en el Urabá antioqueño, “Otoniel venía fraguando un plan de fuga”, según se lee en el documento.


“Se configuraba en la capacidad de retención de información, a partir de la memorización de movimientos cercanos a su seguridad perimetral y la de su entorno, con el fin de identificar puntos de vulnerabilidad y rutinas de los uniformados encargados de la custodia de este criminal, esto con el fin de suministrar dicha información a integrantes del grupo armado para llevar a cabo su fuga”, dice la información.

De hecho, ese plan contempló el envío a Bogotá de presuntos cabecillas del Clan del Golfo que tenían como fin realizar un “outsourcing criminal con bandas delincuenciales a fin de restar responsabilidad a integrantes del Clan del Golfo”, en el escape de Otoniel.

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Otoniel se declaró inocente. Foto cortesía

Los mensajes cifrados


Uno de los hechos que más llamó la atención de quienes vigilaban al capo fue cuando notaron que él utilizaba un resaltador de color verde para marcar su ropa, que incluía jeans, camisetas y bóxeres.

En dichas prendas, Otoniel escribía letras y símbolos, con los que en su momento se comunicaba con sus secuaces en la clandestinidad. En esa época, dejó de usar teléfonos celulares y dispositivos electrónicos para no ser ubicado por las autoridades.

Los mensajes con estos símbolos eran llevados por correos humanos. Lo mismo hizo desde su celda en la Dijín, ya que la ropa marcada era recogida por gente de su confianza.

“En los últimos días antes de su extradición, alias Otoniel ya empezaba a trasmitir mensajes de despedida mediante una tipología de rayones, grafitis o runas (mensajes cifrados) a su núcleo familiar y entornos cercanos de confianza”, anota el documento.

“Frente a lo anterior, había un contraste entre el valor de sentimiento y la desconfianza que a la vez sentía alias Otoniel por una eventual ‘traición’ de algún integrante de la ‘defensa’ o de su misma compañera sentimental. En la mayoría de sus escritos, siempre intentó dar a conocer alguna ‘pista’ que comunicara la forma en trasmitir un mensaje o intención alguna”, agrega el informe secreto. Los mensajes se podían leer al ser sometidos a luces fluorescentes.

El operativo

En un impresionante operativo de seguridad, fue extraditado a Estados Unidos Dairo Antonio Úsuga, alias Otoniel, máximo líder del Clan del Golfo. El proceso fue expedito y ágil y, a pesar de los esfuerzos jurídicos de última hora de la defensa del capo, se surtió con éxito. Ya se encuentra ante las autoridades norteamericanas.



El plan de escape de Otoniel contemplaba, principalmente, valerse de una serie de recursos judiciales para ser trasladado de la Dijín hacia el búnker de la Fiscalía o a un centro penitenciario, “que les ofreciera condiciones de maniobrabilidad en actividades de coordinación y demandas por parte de alias Otoniel, y así facilitar una fuga”.

Incluso se pusieron en conocimiento supuestos quebrantos de salud del capo para intentar presionar una salida a centros médicos “y así capitalizar este escenario para liberarlo”, advierte el documento en poder de Semana.

También se detectó que algunos de los lugartenientes, en alianza con poderosos carteles mexicanos de la droga, trataban de comprar propiedades alrededor de la Dijín para facilitar la huida. La modalidad sería por medio de un atentado terrorista o de cualquier acción armada por parte del Clan del Golfo, según los investigadores.

En una oportunidad, las autoridades estuvieron en alerta ante la presencia de una aeronave no tripulada que sobrevoló las instalaciones de la reclusión. Fue imposible determinar su procedencia. Asimismo, algunos familiares estaban viviendo en los alrededores de la Dijín.

Otoniel tenía una “estrategia comunicacional”, según las autoridades, “al intentar demostrar en documentales o historias de vida la vulneración de sus derechos para generar un impacto en el orden nacional que coadyuvara a postergar parcial o totalmente su extradición y a su vez generar caos en su seguridad”.

Subido en una tanqueta, Otoniel fue trasladado a la base militar de Catam. Con chaleco antibalas y un casco blindado, abordó un avión de la DEA que lo transportó a Nueva York.


Sin lugar a dudas, el capo había desplegado una estrategia no solo jurídica, sino mediática para crear un ambiente adverso a su extradición entre la opinión pública.

Este hecho hizo recordar lo ocurrido con Jesús Santrich, exjefe de las Farc, quien, en medio de una enredada novela judicial, recuperó su libertad y luego se fugó. Cruzó la frontera con Venezuela y se enlistó en las filas de la llamada Segunda Marquetalia, comandada por el exjefe negociador de las Farc Iván Márquez. Santrich contó con el apoyo irrestricto de un grupo de políticos que presionó y se encargó de mostrar su caso como un “entrampamiento”.

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