viernes, junio 18, 2021

«Nunca pensé que pasaría hambre en mi vejez»: ancianos en Venezuela viven con pensión de US$1,3 al mes

Un trabajo de la BBC revela cómo ser pensionado en Venezuela es una especie de sentencia a la miseria para los ancianos que se quedaron solos y únicamente cuentan con su pensión para vivir

Sobrevivir con una pensión de poco más de un dólar al mes es una odisea que viven millones de ancianos en Venezuela.

«Tenía 27 años, me casé y con mi esposo bailaba salsa en las discotecas. Nos gustaba mucho Oscar de León y Celia Cruz. A veces comíamos comida china en algún restaurante y los fines de semana íbamos a la playa o a pasear», recuerda con nostalgia.

A sus 67 años, sus días transcurren de una manera muy distinta a lo que imaginó. Su pensión, que comenzó en un monto equivalente a US$172 mensuales, solo representa ahora US$1,3 al cambio por la continua devaluación del bolívar, la endeble moneda venezolana.

Su casa, en la cima de una empinada subida mal asfaltada, evidencia que ya no es tiempo de construir, sino de sobrevivir: techo de zinc, paredes de cemento descascaradas por la humedad y decoradas con afiches de Jesús. Tiene el piso con baldosas que todavía esquivan el deterioro, muebles con la madera desconchada. Hay una vieja lavadora, cocinita a gas, cortinas gastadas.

«Mi papá tocaba timbal en una orquesta, aquí en el 23 siempre hubo mucha salsa y merengue», dice. El trabajo fue publicado por la BBC.

«Con mi esposo compré esta casita y poco a poco la mejoramos con arena, cemento. Cuando cumplí 40 años dios me escuchó y tuve mi único hijo, me costó mucho quedar embarazada», recuerda.

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«A Eliécer nunca le faltó nada»

Su esposo, Rafael Alcalá, trabajaba de asistente en el departamento de sistemas de un banco y ella, desde los 19 años, lo hacía en un organismo público gubernamental: el Instituto de Previsión y Asistencia Social del Ministerio de Educación.

El Instituto brinda asistencia médica a los maestros que trabajan para el Estado.

«Hice de todo, secretaria, mensajera y como tenía el bachillerato asistí a cursos y me gradué de técnico de registro médico. Entraba a las diez de la mañana y salía a las nueve de la noche», cuenta Norma.

La enfermedad

En 2000 sufrió un accidente cerebrovascular en el trabajo. «La tensión arterial me subió muchísimo, caí al piso y estuve grave», recuerda.

Con el tiempo recuperó el habla y pudo caminar nuevamente con ayuda de un bastón. Pero no regresó al trabajo. El Estado le otorgó una pensión por invalidez a partir del 29 de septiembre de 2000 que adelantaba su pensión de vejez.

El colapso

Formalmente el sistema de pensiones en Venezuela es de reparto, una modalidad donde los trabajadores activos contribuyen con un porcentaje de su salario para costear las pensiones de la población en edad de retiro.

Pero el aporte es muy poco porque muchos trabajadores, sobre todo los más cualificados, se han marchado del país, los salarios son bajos, el bolívar está depreciado y buena parte de los empleos están en el sector informal de la economía y no contribuyen al sistema.

Por lo tanto, el costo de las pensiones de 4,5 millones de venezolanos recae en el Estado. Y las cuentas no cuadran.

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