lunes, abril 22, 2024

¡TODO POR UN PAN CANILLA, Y SIN RELLENO! La dolorosa realidad de un trabajador venezolano

Franklin Delgado
Franklin Delgado
Periodista digital

Un ciudadano que no puede elegir ni su propia alimentación no puede ser libre

Uno de los indicadores más conocidos del mundo es el Índice Big Mac, creado por la revista The Economist, que se basa en el precio de la popular hamburguesa de McDonald’s para reflejar el poder adquisitivo de un trabajador y de la economía de un país comparando distintas divisas.

Traducido a lo mundano, el índice Big Mac es el precio de la hamburguesa según el país, y cuánto tiempo se invierte para conseguirla. Los expertos de The Economist solo usan la Big Mac, en lugar de determinar el costo de canasta alimentaria alguna.

Esta larga explicación es para comparar cuán lejos estamos del poder adquisitivo de países denominados del primer mundo, incluso de nuestros vecinos de Latinoamérica. Por ejemplo, para adquirir una Big Mac en Hong Kong, Nueva York y Ámsterdam un ciudadano debe trabajar menos de 20 minutos, mientras que en Caracas la misma cuesta más de 8 dólares y la hamburguesa de menor precio unos 5 dólares por unidad, con un salario mínimo de 130 bolívares, el venezolano trabajar más de un mes para adquirir una Big Mac y casi un mes para comprar la más económica. Una diferencia exorbitante, por eso el connacional migra, entre otras cosas, incluso consciente de todo lo incierto que pueden ser los destinos que encuentre.

Si acaso para un pan canilla, sin relleno

Observando esto, estamos lejos de tener una dieta de una Big Mac diaria (que no se los recomiendo, sino pregúntele al documentalista estadounidense Michael Moore), ¿será porque nos cuidan la salud? Con un salario mínimo ni siquiera alcanzamos para adquirir un pan canilla diario, a un precio de referencia bajo de 5 bolívares, y quedamos fallos, pues nos faltarían unos 20 bolívares al mes. ¡Y olvídense del relleno!

Así que con un salario de ese “calibre”, con el que sobreviven los jubilados, pensionados y hasta algunos trabajadores docentes y de la salud, es impensable alcanzar la compra de la canasta alimentaria familiar, que para marzo de 2023 ascendió a 510,88 dólares (equivalente a 12.715,72 bolívares), según el CENDAS-FVM. Unos 98 salarios mínimos, algo más de 8 años de trabajo.

De acuerdo con el informe más reciente del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros, en marzo se necesitaron 17 dólares diarios para pagar la canasta básica alimentaria que cubre las necesidades de una familia de cinco personas en Venezuela.

La canasta alimentaria familiar (CAF) está conformada de 60 productos.

El alza se mantuvo a pesar de que, según datos del Observatorio Venezolano de Finanzas, la inflación de marzo fue del 4.2%, 16 puntos porcentuales menos si se le compara con el mes de febrero, recoge el portal Analítica.

Para el estudio de CENDAS, el rubro alimentario que más sintió el aumento fue el de pescados y mariscos, seguido del café, las frutas y hortalizas. Los rubros que registraron variación en los precios fueron: cereales y productos derivados (8,77 %); carnes y sus preparados (6,05 %); pescado y mariscos (11,39 %); leche, queso y huevos (6,60 %); grasas y aceites (0,70 %); frutas y hortalizas (8,22 %); raíces, tubérculos y otros (5,36 %); caraotas, arvejas y lentejas (6,88 %); azúcar y sal (4,01 %); salsa y mayonesa (2,53 %) y café (8,32 %).

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No somos libres

En este contexto pudiera pensarse que siendo la prioridad la alimentación y la salud, cualquier otra exigencia sería un lujo, pero no lo es.

Sin ánimo de entrar en terreno ideológico pantanoso o hablar de la Libia pre o la intervenida, Muamar Gadafi escribió en su Libro Verde que un hombre nunca será libre mientras habite en propiedad ajena o se traslade en un medio de transporte de otro. Bueno esto aplica a muchas sociedades, a los venezolanos y ciudadanos de Latinoamérica.

Con salarios miserables, presos de una renta y no dueños ni de su propia alimentación, es iluso considerarse libre. Migrantes venezolanos agobiados por el pago de servicios y alquileres, que ni siquiera les alcanza ya para enviar las remesas a sus seres queridos, no son libres.

Menos aún el venezolano de salario mínimo que su ingreso no le sirve ni para comprar el pan canilla diario.

Definitivamente, los venezolanos y latinoamericanos no somos libres.

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