domingo, mayo 15, 2022

Prostitución, drogas y alcohol extinguen a los indígenas Nukak en Colombia

Roberto Trobajo
Roberto Trobajo
@Roberto_Trobajo

Colonos y grupos armados invasores terminaron con el aislamiento voluntario de los Nukak hace 33 años y los empujaron a pequeñas ciudades donde malviven asolados por las drogas, el alcohol, y la prostitución

La violencia transformó en desplazados a los últimos nómadas contactados de la Amazonía colombiana.

Aunque todavía hoy algunos indígenas nukak salen de sus precarios refugios para ir a cazar o recolectar frutos en los bosques del departamento del Guaviare (sureste de Colombia), luego de ser desplazados de su tierra, la selva amazónica. 

Los más viejos mantienen viva la lengua, la caza y la recolección. Las demás tradiciones sucumbieron bajo la violencia y la deforestación que les abrió paso a los narcocultivos, los ganaderos y los terratenientes.

En 1988 aparecieron los primeros nukak en los poblados del Guaviare. Llegaron en mal estado y diezmados debido a las “enfermedades por contacto con los colonos”, según relató la Organización Nacional Indígena de Colombia.

Catorce años después los combates entre guerrilleros y paramilitares de ultraderecha causaron desplazamientos masivos.

Para 2018 había 744 nukak, 336 menos que en el censo de 2005, según la autoridad estadística.

El Estado colombiano los reconoce como los dueños legítimos de 954.000 hectáreas de selva protegida, pero de nada les sirve.

En 2017 las Farc, la guerrilla que ejerció el poder de facto en extensas zonas del Guaviare, dejaron estos territorios luego de firmar la paz.

Sin embargo, en los bosques de los nukak quedaron sembradas las minas antipersona que protegían los narcocultivos.

«La única comunidad nómada de Colombia está amenazada y en peligro de desaparecer”, advierte la ONU en un informe reciente.

Solo en 2020, agrega el documento, el área de los nukak perdió 1.122 hectáreas por cuenta de la deforestación para el cultivo de la materia prima de la cocaína.

La ONG Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible cree que el daño fue mayor: 2.892 hectáreas si se suman las destruidas para vías ilegales y la ganadería.

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El cruel hoy

Los nukak que huyeron del conflicto sobreviven en asentamientos precarios. En San José, la capital de Guaviare, se les ve amontonados en un parque y pidiendo limosna.

En sus largas búsquedas de alimentos, esquivan cercas de alambre y electricidad y se quejan de que los animales para su consumo escasean.

La tradición nómada está herida por la forzada semisedentarización (ya no son completamente nómadas).

También desaparecieron los taparrabos y muchos beben licor, consumen drogas extrañas a esta comunidad como crack y hasta caen en la prostitución. Están cayendo en la otra tradición de los colonos blancos.

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