jueves, agosto 11, 2022

«No tengo nada que perder en Venezuela, me voy por la SELVA DEL DARIÉN»

Alicia De La Rosa
Alicia De La Rosa
@aliciadelarosa

Emilia Marcano poco duerme. De su cabeza no sale la primera noche en la oscuridad de la selva del Darién, donde accedió al abuso para salvar como una leona a sus hijos (…) Llegó a EE.UU. y el programa Raíces Venezolanas la ayudó. Hoy nos cuenta su historia…

Emilia Marcano es maestra y madre soltera. Tiene dos hijos, una niña de 12 años y un varón de 14. Ella tomó la decisión y se arriesgó a irse por la peligrosa selva del Darién.

“Pasé frío, lluvia, hambre, perdí el aliento en muchas ocasiones, fui testigo de las cosas más horrendas que puede vivir un ser humano, pero si algo tenía presente es que a mis cachorros los protegí como una leona de todo el horror que se vive en la selva. La oscuridad es aterradora. Me robaron y algo más que no quiero recordar…”

Por meses pensó como irse y varias personas de su barrio en Petare, municipio Sucre de Caracas, la convencieron. Ya estaba todo planificado para cruzar el infierno que significa la frontera entre Colombia y Panamá.

“No tenemos visa y el poco dinero que me envían mis familiares no alcanzan. Vendía en el mercado tortas, pero tampoco funciona para mantener a dos hijos. Me quedé sola, toda mi familia está en Estados Unidos”.

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Asegura que su familia le advirtió que esperara un poco más para irse en otras condiciones y no arriesgando la vida en la selva.

 

“No podía más, les dije que la niña ya no tiene zapatos para ir a la escuela, que hay días que no tengo ni para un kilo de harina pan y que no podía permitir que mi hijo terminara en las calles de Caracas como un delincuente”.

Piénsenlo bien, no por la selva del Darién

Tomar la decisión, nos cuenta en exclusiva a Impacto Venezuela, no fue nada fácil. “Era morir en el intento o quedarme aquí viendo que mis hijos no tenían oportunidades y yo con el pasar de los años enfermar y dejarlos solos y desamparados”.

Desesperada, deprimida, angustiada, su familia que está en Estados Unidos le envió algo de dinero, vendió su «ranchito» y emprendió el viaje en mayo de 2022.

Ella de 38 años y sus dos hijos se unieron a una caravana de petareños que decidieron emprender el viaje a Colombia y de allí recorrer el infierno en busca de un mejor futuro. “No se lo deseo a nadie, es como lo describen, el infierno…”

Como el testimonio de Emilia hay miles de venezolanos que vendieron lo poco que tenían y se fueron. Ya están en suelo estadounidense pero cada vez que hablan, repiten incesantemente: “¡Por el amor a Dios, piénsenlo bien!”.

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“No arriesguen la vida, no arriesguen a los niños. No es fácil, es un horror inexplicable. Yo pensé que moriría y dejaría a mis dos hijos solos. No lo hagan…”, repite entre sollozos Emilia, quien se puso ese nombre porque prefiere mantenerse en el anonimato.

Ahora el 90% llega por el Darién

La abogada Patricia Andrade, fundadora de la ONG Venezuela Awaranees y creadora del programa Raíces Venezolanas que ayuda a los venezolanos que llegan sin nada a Miami, Estados Unidos, asegura que la ola de migrantes que han pasado el Tapón del Darién va en ascenso.

“En el programa Raíces Venezolanas Miami hemos llevado las estadísticas, de acuerdo a la cantidad de personas que llegan a pedirnos ayuda a la institución. Podría decirte que en la actualidad el 90% de los venezolanos que entran al programa vienen de pasar el inferno de la selva del Darién”.

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Para llegar al camino de la selva del Darién atraviesan el río en curiara. Foto: Cortesía

El programa ayuda a esos venezolanos que llegan hasta descalzos a tener ropa, zapatos, cobijas, artículos de primera necesidad y hasta juguetes para los niños. “En un solo día pueden llegar más de 100 personas pidiendo que los ayudemos”.

“Esa son personas muy humildes que lo poco que tenían en Venezuela lo dejaron atrás y llegan sin nada a Estados Unidos. En Raíces los recibimos con cariño porque son venezolanos que han viajado por más de mes y medio, pasado 8 países, una selva peligrosa y están afectados y golpeados emocionalmente. Han pasado frío, hambre y llegan a enfrentar miedos y muchos retos”, precisa la abogada venezolana con más de 20 años en el exilio.

Del horror a un poco de calma

El proceso tiene sus pasos: las familias llegan a la sede y se les hace una entrevista para conocer sus necesidades. “Hay algunos que tienen donde dormir, otros los reciben familiares y unos pocos que alquilan habitaciones. Le entregamos lo básico: ropa, zapatos, toallas, cobijas. Llegan hasta descalzos porque pierden todo en la selva”.

A los niños hay que tratarlos con mayor cuidado, cuenta Patricia Andrade, que para ellos hay una atención especial por parte de las voluntarias.

“Tenemos una unidad con juguetes y las voluntarias juegan con ellos, los ayudan a escoger juguetes y aunque lo vean como cualquier cosa, para esos pequeños es muy importante estar en ese lugar porque asumen nuevamente que son niños”.

Las cifras alarmantes

El pasado mes de mayo, el investigador de la organización de Derechos Humanos Human Rights Watch (HRW), Juan Pappier, se internó en la selva del Darién para evaluar el fenómeno de la migración de venezolanos.

Pappier explicó en su informe que las autoridades panameñas registraron que entre enero y abril de 2022 fueron 7.000 personas que cruzaron el Darién; para los mismos meses de 2021 eran 15.

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“En enero ingresaron 4.204 ciudadanos venezolanos, en febrero lo hicieron 4.094, en marzo 3.735, en abril 6.148 y en lo que va de mayo 2.312”.

El año pasado más de 130.000 migrantes de diferentes nacionalidades, incluyendo 29.000 niños, cruzaron el Darién. La mayoría son venezolanos. Una de las cifras que más alarma es la de los niños. “1 de cada 5 personas son niños”.

Hasta junio de este año, las autoridades aseguran que por la frontera entre Colombia y Panamá ya han pasado 44 mil personas entre venezolanos, cubanos, africanos, haitianos, entre otros.

Las peticiones de asilo en ascenso

Andrade indica que hay una ola de venezolanos pidiendo asilo en los Estados Unidos vertiginosa. «Antes que salían por avión, las peticiones llegaban a 500 anuales, hoy superan las 30 mil».

“Cuando empezaron las protestas de 2014, las peticiones de asilo se incrementaron de 500 a 1.200 en un año. Cuando llegó Juan Guaidó bajaron un poco, pero obviamente no hizo nada, no hubo cambios y la crisis política, social, económica y humanitaria incrementaron esos números”.

La creadora de Raíces Venezolanas Miami ahora habla de olas de migrantes venezolanos. “A partir de 2019 el número de peticiones por año es de más de 30 mil”.

La abogada prevé que entre 2021 y 2022 esa cifra se duplique. “Cuando Joe Biden llegó al poder y abrió la frontera, empezó esta otra ola migratoria de venezolanos que nunca se había visto. Actualmente no hay filtro: que la gente viaje hasta México y cruce la frontera y te digan, bienvenido, eso era imposible”.

Los pobres arriesgan la vida por migrar

El año pasado pasaron por la frontera 128 mil venezolanos y todos piden asilo, dice Andrade.

Destaca que la diferencia con este año es que los venezolanos que «nunca pensaron que podían salir del país porque no tenían dinero para un pasaje aéreo, ahora pueden venirse por tierra, salen de Colombia, recorren 8 países en autobús o a pie».

En ese gran número de migrantes, dice Andrade, ahora están los que se atreven a cruzar el Darién que “es la cosa más horrible y hoy está colapsado, desde las curiaras hasta las montañas. Además es inhumano la cantidad de niños que someten a ese infierno”.

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Venzolanos, haitianos cubanos entreotros se arriesgan por la selva del Darién. Foto: Cortesía

“Antes los grupos que cruzaban eran de 30 personas, hoy en día son de 300 a 1.000 migrantes, gentes de extrema pobreza que vio una luz en el camino ante los padecimientos que hay en Venezuela”.

Asegura la presidenta de la ONG que lo que se encuentran los venezolanos que llegan “es que no hay en Estados Unidos estructura para recibirlos, no tienen donde llegar. Los famosos refugios que son muy pocos son para personas desamparadas y no inmigrantes”.

Eso trae otro problema, “las personas vienen confiadas que les van a dar de todo y no es así. Este es un país muy costoso y terminan en la calle”.

Emilia con miedo e incertidumbre

Emilia vivió cosas horribles en el Darién, pero también las está viviendo en Estados Unidos.

Llegó a Raíces sin nada, sola con sus hijos y con una ropa que les prestaron para ir a la sede de la fundación.

Allí la recibieron con cariño, la ayudaron con lo básico y salió de allí con sus hijos uno a cada lado a labrarse un futuro.

Tiene mucha tristeza en el corazón, miedo, incertidumbre traumas y recuerdos horribles de 8 días horrendos cruzando una selva donde estuvo a punto de perder a sus hijos.

“Creo que si algo les hubiese pasado, yo no habría podido vivir con esta culpa. Soy de esas pocas personas que llegó, no sé qué será de mi futuro pero solo espero que mi corazón sane, mis miedos se superen y pueda seguir adelante”.

Emilia poco duerme, cada noche es una pesadilla recordando todo lo que vivió y esa noche donde tuvo que sufrir el abuso para salvar como una leona la dignidad de su hija…

¿Lo volvería a hacer? “No, nunca más arriesgaré la vida de mis hijos… No lo hagan, no se vengan”.

 

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Carmen blanco

Se que las cosas no están bien en Venezuela, pero tampoco estamos en guerra como para arriesgar a tanto aquí se puede sobre vivir. Yo diera mi vida por hacer algo importante que cambien muchas cosas en mi País, pero no la diera por arriesgar mi vida y la de mis hijos en esa selva donde si te salvas el cuerpo el espíritu muere de tantas cosas horrible que se pueden vivir alli, Dios está en todas partes y el es que salva vidas, no hagan ese tipo de travecias. Si se unieran de esa forma para hacer cosas radicales he importantes por el cambio en Venezuela como todo cambiaria. Pero aquí el que quiere hacer se encuentra solo. Dios le conseda la paz A esta señora y sus dos hijos y a cada venezolano que cruza esa selva y descanso eterno a miles que mueren y desaparecen. Sin Dios en nuestros corazones no somos nadie nada ni hacemos nada ni en esta vida ni en la otra. La paz este con todos ustedes

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