lunes, julio 26, 2021

Migraron y dejaron de estudiar: informe revela situación delicada de niñas y adolescentes venezolanas

La ONG elaboró un informe que alerta sobre la fragilidad que acecha a las niñas y adolescentes venezolanas que migran y no solo pierden sus estudios, sino que están expuestas a otros peligros como el hambre y el abuso sexual

Una de cada tres niñas y adolescentes venezolanas refugiadas en países de la región ha abandonado sus estudios tras emigrar. Así lo denuncia un informe de la ONG Plan International. La organización también alertó de la falta de cobertura de otras necesidades básicas, como la alimentación.

El documento destaca que se realizaron 450 entrevistas entre niñas y adolescentes migrantes venezolanas en Colombia, Ecuador y Perú. Las encuestas se elaboraron con jovencitas de entre 10 y 19 años. Se trata del informe: «Niñas Venezolanas: Voces de la migración. Estudio en Colombia, Ecuador y Perú».

El reporte hace énfasis en las carencias de los migrantes venezolanos que se han agudizado a raíz de la pandemia de COVID-19.

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Educación

La educación es una de las grandes perjudicadas, por distintos motivos. Tanto, que 28 por ciento de las entrevistadas asegura que ha dejado los estudios por la falta de documentos. Otro 20 por ciento porque «no hay cupo», 15 por ciento porque ya tiene un hijo y 13 por ciento debido a la pandemia.

Una de las adolescentes entrevistadas en Quito explica que su intención era seguir estudiando. Pero la realidad económica de su familia lo hizo inviable. «Mi mamá no puede sola (…) Tengo que dejar los estudios para ayudar a mi hermana, igual que a mi mamá», dijo.

Para otras muchas, el aula es sinónimo de estigma, como advierte una adolescente de 15 años residente en el municipio colombiano de Soledad. Afirma que la primera vez que fue a clase sus compañeros la llamaron «veneca», el término despectivo para los migrantes venezolanos. «Se burlaban de mí y me decían que era una muerta de hambre», lamentó.

Además de ello, la pandemia introdujo nuevos temores. Por eso, 43% de las encuestadas reporta que el aislamiento por la
COVID-19 ha agudizado la sensación de inseguridad.

«Todas estas barreras afectan, tanto la calidad de la educación que reciben. También la posibilidad de que las niñas
y adolescentes culminen de manera efectiva sus procesos educativos», dice la ONG.

«Se amplía la brecha de desigualdad en cuanto a acceso a educación de calidad y por tanto les cierran oportunidades para acceder a la educación superior, y con esto, a un mejor empleo», agrega.

El hogar era seguro

La gran mayoría de las niñas y adolescentes encuestadas identifican su hogar como un lugar seguro. «No obtante, las
entrevistas muestran que los lugares donde se encuentra la vivienda son espacios en los que enfrentan violencia sexual, entre otros peligros», señala el estudio.

De otro lado, «21% de las participantes ha presenciado situaciones de violencia o abuso. En este sentido, 13% de ellas ha atestiguado agresiones verbales en contra de otras niñas y adolescentes. Tener que compartir la vivienda con otras familias, es otro factor que genera un mayor riesgo de enfrentar violencia física y psicológica».

Sin comida

Por otra parte, 84 por ciento reconoce que se han preocupado en algún momento por la falta de comida. Mientras que 44 por ciento señala que se ha ido a la cama con hambre. O lo que es peor que «ha tenido que pedir limosna o comida que se había tirado».

La organización ratifica que la migración venezolanas «es la segunda peor crisis del mundo, solo por detrás de Siria». Por ello, pidió a los gobiernos de Colombia, Ecuador y Perú que adopten políticas públicas que protejan los derechos de las niñas. Dice que deben hacerlo desde el punto de vista jurídico, para que se «materialice la recuperación de sus derechos».

La directora general de la ONG en España, Concha López, dijo que «es necesario que todas las partes implicadas trabajen unidas para proteger los derechos de las niñas y adolescentes migrantes, garantizando su acceso a una educación completa, es decir, gratis, inclusiva y de calidad».

Trabajo infantil

El trabajo infantil es una de las vulneraciones que enfrentan las entrevistadas debido, entre otros factores, a su naturalización
y a las condiciones de vulnerabilidad socioeconómica de su grupo familiar.

De hecho, los tres países de acogida de las niñas y adolescentes refugiadas y migrantes venezolanas presentan situaciones de trabajo infantil.

El país con mayor ocurrencia es Perú, pero Colombia es el país en donde más se presentan situaciones de trabajo no remunerado, engaños y estafas contra las niñas y adolescentes en condición de trabajo infantil.

Recomendaciones

Las agencias de la Organización de Naciones Unidas -ONU- y gobiernos donantes deben fortalecer los procesos de
acompañamiento. También de seguimiento y articulación con entidades gubernamentales de orden local y nacional para que, de manera permanentemente, se evalúe el impacto de planes, programas y proyectos implementados, recomienda la ONG.

Igualmente, piden que se «se realicen los ajustes diferenciados requeridos para brindar atención oportuna y permanente con criterios de calidad y concurrencia a población refugiada y migrante con especial énfasis en niñas y adolescentes».

Asimismo, dice que «los gobiernos donantes deben contribuir a la financiación e implementación de programas de respuesta a las necesidades de niñas, adolescentes y mujeres refugiadas y migrantes orientados a la formación en derechos y a la prevención de la violencia basada en género».

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