miércoles, diciembre 1, 2021
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Andrés Villota Gómez
@AndresVillotaGo

Los Monumentos a la Imbecilidad
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El Pájaro es el nombre de una de las 23 esculturas hechas en bronce por el maestro Fernando Botero que le donó a Medellín, su ciudad natal. Fueron instaladas en la Plaza Botero al frente del Museo de Antioquia. En el año 1995 ocurrió un atentado terrorista que mató a 28 personas y destruyó la escultura El Pájaro. El artista decidió no restaurar ni reemplazar la escultura y prefirió dejar la obra en ruinas como un «monumento a la imbecilidad», según sus propias palabras.

El mundo se está llenando de monumentos a la imbecilidad que van más allá de la destrucción de esculturas con explosivos. Los monumentos a los que me refiero son las imbecilidades que hacen y dicen los Progresistas que parecen naturalizarse, volverse parte del entorno, perdurar en el tiempo, con vocación de permanencia al interior de la sociedad, que se construyen con la misma intención que un monumento.

Esos monumentos son el fruto de la ausencia total de reconocimiento para una minoría de jóvenes por parte de una sociedad en la que no tienen cabida por considerarlos insignificantes, poca cosa, casi inexistentes. Incluso, muchos de ellos no fueron reconocidos ni siquiera por su progenitor por lo que crecieron llenos de traumas que han alimentado su odio irracional en contra de la sociedad que, es evidente, tampoco los ha querido reconocer.

El mundo se está llenando de monumentos a la imbecilidad que van más allá de la destrucción de esculturas con explosivos. Los monumentos a los que me refiero son las imbecilidades que hacen y dicen los Progresistas

ANDRÉS VILLOTA GÓMEZ

Otros, los menos primitivos dentro de los más primitivos, tratan de conseguir lo que no conseguirían jamás por sus propios méritos como consecuencia de lo limitado de sus capacidades que los lleva a ejercer una permanente extorsión social para tomar un atajo en la vida y conseguir fama y fortuna sin necesidad de tener que trabajar y producir. Se victimizan por su condición social, sus preferencias sexuales que dejaron de ser algo de la vida privada y por su origen étnico, y los que no pertenecen a ninguna de esas minorías, dentro de las minorías, apelan a victimizarse por supuestas amenazas que vienen de los que no piensan igual a ellos. Se auto constituyen en seres intocables, en especies protegidas con derecho, incluso, a cometer crímenes abominables sin castigo.

Construir estos monumentos es su forma desesperada por encontrar el reconocimiento efímero para salir del anonimato propio de su mediocridad por eso se conforman con muy poco, con un “me gusta” cada vez que escriben alguna estupidez en las redes sociales o cuando le dicen a alguien que haga sonar la bocina de su carro para dejarlo pasar por la vía pública. Con esos mini monumentos a la imbecilidad sienten que existen, que están vivos, que finalmente fueron reconocidos por la persona de la tercera edad que conduce su carro y quiere evitar que algún troglodita se lo pisotee y lo destruya por no cumplir con la orden de ese ser anónimo, inexistente en otra situación, que ni su propia madre les haría caso.   

Ejemplos de estos monumentos hay miles, de todos los perfiles y en todo el mundo. La cantante Macy Gray propuso cambiar el color blanco de las estrellas de la bandera de los Estados Unidos por los colores del arco iris que, según ella, representan la diversidad racial y excluyen a las personas de raza blanca. La juvenil directora de orquesta, Susana Gómez, cuyo nombre artístico es “Susana Boreal” dirigió a la “Revolucionaria Orquesta Sinfónica” conformada por 400 músicos sin esperanza de poder hacer algo útil en su vida (iguales a su directora ocasional), para interpretar el himno de Colombia “deconstruido” por la fusión con la marcha de Star Wars y el lema de los jóvenes revolucionarios del siglo pasado, “el pueblo unido jamás será vencido”. Un par de monumentos a la imbecilidad construidos con símbolos patrios.

El transgénero, Leyna Bloom, es el primer hombre biológico en aparecer en la portada de la edición especial de vestidos de baño para mujeres biológicas de la revista Sports Illustrated. Bloom al momento de anunciar la noticia, afirmó que era un momento histórico para las mujeres. ¿Para las mujeres?. Las mujeres biológicas cada vez pierden más su espacio en todos los ámbitos, gracias a la narrativa impulsada por las líderes feministas que ven como un gran logro que, los hombres que se creen mujeres, ocupen los espacios tradicionales de las mujeres.

Las actrices pierden sus trabajos para dárselo a hombres biológicos que se creen mujeres. En la política las mujeres son desplazadas por los hombres biológicos que se creen mujeres. En las pasarelas los modelos transgénero desplazaron a las mujeres biológicas. En los reinados de belleza los hombres biológicos que se creen mujeres desplazaron a las “misses”. En los deportes, los hombres biológicos que se creen mujeres, y su testosterona, van a reemplazar por completo a las mujeres en el deporte. Hasta para hablar del empoderamiento femenino usan el brazo musculoso de un hombre. A propósito, han perdido su trabajo varios profesores por decir que solo existen dos géneros. J. K. Rowling cayó en desgracia con sus lectores por haber dicho eso mismo. Son tan fanáticas con esos temas que a muchas no les importa perder el trabajo porque creen que se sacrifican para cambiar el mundo y son felices, con hambre pero felices.

En las olimpiadas de Tokyo, el equipo de fútbol femenino estadounidense integrado por mujeres biológicas de raza blanca adoptaron el símbolo antirracista del grupo terrorista BLM mientras sonaba el himno nacional de su país. Algunos atletas del equipo olímpico de los Estados Unidos han anunciado que van a quemar la bandera de su país cuando estén en el podio. Echaron al director de la ceremonia de inauguración por haber hecho un comentario antisemita en el siglo pasado. Todos esos actos cuentan con el apoyo del Comité Olímpico Internacional que cambió las normas olímpicas promulgadas por Pierre de Coubertin. Ahora se permiten las manifestaciones políticas en los juegos y esa será la constante en Tokyo. 

Con el tiempo, la gente dejará de seguir las competencias y los resultados de los juegos por culpa del fundamentalismo racial, de género y político que lograron que se perdiera la esencia del olimpismo y el sentido de la sana competencia. Ahora parece que algunos deportistas compiten por hacer o decir la estupidez más grande. La cadena NBC que transmite los Juegos Olímpicos en Estados Unidos ha registrado una caída en su audiencia, sin precedentes en la historia. Puede que estas sean las últimas olimpiadas, el progresismo las acabó. Los estadounidenses ya están hastiados, saturados, sienten repugnancia, sienten asco, sienten aversión al progresismo, al movimiento WOKE y a todos sus monumentos a la imbecilidad. 

«Con el tiempo, la gente dejará de seguir las competencias y los resultados de los juegos por culpa del fundamentalismo racial, de género y político que lograron que se perdiera la esencia del olimpismo y el sentido de la sana competencia»  

ANDRÉS VILLOTA GÓMEZ

Sara Hernández Barroso, la progresista alcaldesa de Getafe, España, gastó parte del presupuesto municipal para levantar un mapa que identifica los sitios machistas de la ciudad y para editar una cartilla sexual para niños en la que le enseñan a masturbarse. Muriel Bowser la progresista alcalde de Washington DC, Estados Unidos, dio la orden de borrar la expresión “Cuba Libre” hecha por los cubanos que claman por la libertad de su país y abogan por el final de la tiranía asesina de Miguel Díaz-Canel, en la misma calle en dónde Bowser ordenó escribir en el asfalto “Black Lives Matter” el año pasado. Claudia López, la progresista alcalde de Bogotá DC, Colombia, permitió que se destruyera la mayoría de los monumentos históricos de la ciudad pero abandonó las funciones propias de su cargo para ayudar al hijo menor de Juan Manuel Santos y su novia, la Miss Valle del Cauca 2019-2020, a restaurar la pintura de una escalera pintada con los colores del arco iris.

Erigir estos monumentos sólo es posible al interior de sociedades que sean iguales a sus constructores. La permisividad hace viable que todos los personajes grotescos de los ejemplos anteriores, sufran de megalomanía crónica. Sin embargo, esos monumentos son tan absurdos, ridículos y chocantes que muchos han despertado y ya se están cuestionando. Por ejemplo, los mismos seguidores de los “Youtubers” y “Facebuqueros”, empezaron a preguntarse por los ingresos multimillonarios en dólares que tienen unos personajes que en su mayoría son analfabetas funcionales.

Otros, no se soportan a los que mal utilizan el idioma español por usar el lenguaje incluyente. Otros añoramos la época cuando las mujeres eran las mejores y las más exitosas no por ser mujeres, sino porque eran las que más estudiaban, las más trabajadoras, las más disciplinadas y no necesitaban que una luchadora de Sumo las «inspirara» para volverse iguales a un hombre. El nombre del movimiento WOKE es perfecto porque despertó a un montón de jóvenes y adultos que finalmente vieron con claridad a los que construyen los monumentos a la imbecilidad y todo lo que hay detrás de su pedestal. Me impresiona como todos los días crece el número de los que «ya saben». Impresionante.

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