miércoles, mayo 18, 2022
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Andrés Villota Gómez
Andrés Villota Gómez
@AndresVillotaGo

Lecciones de los Seminolas para los aborígenes colombianos
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El próximo 8 de mayo del 2022 se correrá el Gran Premio de Fórmula 1 de Miami que se va a realizar en un circuito urbano alrededor del Hard Rock Stadium. El circuito, el estadio y un complejo hotelero, están ubicados en el territorio de la reserva del pueblo aborigen de los Seminolas, que firmó un contrato con los organizadores de la Fórmula 1 para realizar la carrera en su territorio por los próximos diez años.

Esa tierra hace parte de los activos de un emporio económico y financiero de propiedad de la tribu que incluye a la empresa Hard Rock International. Restaurantes, hoteles y casinos ubicados en más de 75 países que representan utilidades anuales para los miembros de la tribu, sus socios, por la no despreciable suma de seis billones de dólares (USD$6.000’000.000,oo), según publicaciones de revistas especializadas en negocios y finanzas.

Los Seminolas empezaron con su negocio de casinos y juegos de azar en 1979 cuando abrieron un local de Bingo en la población de Hollywood, Florida, lugar cercano a su reserva. Luego, en 1988, el gobierno de los Estados Unidos le entregó a los pueblos aborígenes estadounidenses la concesión para promover y explotar la industria de los juegos de azar.

Mientras que en los Estados Unidos, el Estado le entregaba a los aborígenes una posibilidad para promover el desarrollo económico de su tribu, aumentar su patrimonio y generar empleos productivos, en Colombia, la infinita sabiduría de los burócratas determinó que lo más fácil y obvio, por tratarlos como incapaces que no pueden trabajar ni producir, era regalarle a los pueblos aborígenes la plata de los contribuyentes colombianos.

En el año 1994 se destinó, para los aborígenes colombianos, una partida millonaria en el presupuesto nacional por $13.000 millones de pesos colombianos, aproximadamente $20 millones de dólares de la época que equivale a $35 millones de dólares de hoy (2022). Una gran injusticia social que promovió la aparición del supremacismo indígena por ser auto considerados como una raza pura, libre de mezclas desde la Era Prehispánica que excluyó a los demás grupos étnicos que no son considerados puros en términos raciales como los mulatos, mestizos, zambos, cuarterones, moriscos, cholos o castizos que, sumados, son la gran mayoría de los colombianos.

Ese supremacismo no solo lo demuestran haciendo que todos los colombianos trabajen, produzcan y tributen para poder mantenerlos a ellos y para que sus caciques vivan como los reyes que son, sino que, también, demuestran ser seres superiores porque los aborígenes están muy por encima del ordenamiento institucional y jurídico colombiano y, además, sus territorios son considerados como lugares vedados para el resto de los colombianos, a los que consideran inferiores por provenir de razas impuras, mientras que ellos sí pueden tomarse los espacios públicos de todas las ciudades colombianas y pueden secuestrar, extorsionar o asesinar a otros colombianos sin que puedan ser judicializados por los de raza impura.

Cuando al inexperto profesor Juan Carlos Echeverry lo sentaron en la presidencia de Ecopetrol para que le sacara la plata necesaria para financiar el Acuerdo de Paz de Juan Manuel Santos, se ufanaba por haber sido, supuestamente, el primer presidente en toda la historia de la compañía que supo “negociar” con los aborígenes. Los que sabían la verdad, se burlaban a sus espaldas porque eso mismo le dicen los caciques, los taitas y los mamos a todos los presidentes de Ecopetrol cuando logran aumentar el monto de la extorsión que le exigen para dejarlos trabajar en paz, sin levantamientos sociales artificiales.

En Palm Springs, California, le van a dar un ingreso básico universal (UBI) a los residentes que se consideren transgénero o no binarios. El municipio les va a regalar $900 dólares, mensuales, por pertenecer a ese grupo supremacista. Potencialmente, todos los habitantes de la ciudad pueden ser beneficiarios de esa limosna porque cualquier hombre o mujer puede decir que es mujer u hombre, sin necesidad de parecer una mujer o un hombre porque el género es una construcción cultural, dicen los supremacistas LGBTI.

La mujer del año estadounidense según el periódico USA Today es un hombre. La mejor nadadora de la Liga Universitaria de Natación es un hombre. Y en las cárceles de mujeres se disparó el número de violaciones sexuales porque un montón de presos hombres dijeron que eran mujeres y los trasladaron a cárceles de mujeres.

Lo grave de todo este asunto es que si todos los “palmesprinenses” dicen que son transgénero o no binarios, y se quedan en sus casas esperando la limosna municipal, quién va a trabajar y a producir para poder pagar los impuestos de la ciudad para que puedan hacer ese regalo mensual?.

Las regiones más atrasadas y con menor nivel de desarrollo económico de Colombia son las que más reciben subsidios del Gobierno Nacional. La plata fácil, desincentiva el trabajo y se vuelve un anti motivo para producir. Existen pueblos enteros que viven de las remesas en Colombia, en donde los niveles de desarrollo personal son paupérrimos. Para qué trabajar y producir, si existe alguien en el extranjero que lo hace por mí y me genera un ingreso mensual?.

Las oportunidades, son una actitud de progresar, de superarse, de producir. Sí Luis Carlos Sarmiento se hubiera lamentado porque estudió en un colegio público (San Bartolomé Mayor) y en una universidad pública (Nacional de Colombia) y se hubiera victimizado y quedado sentado, esperando el asistencialismo estatal, hoy no sería la persona más rica de Colombia. Menos mal, el futbolista Luis “Lucho” Díaz decidió trabajar y producir, y no se quedó en la ranchería de su pueblo indígena, esperando acostado en un chinchorro a que le llevaran un subsidio por ser Wayú. Con los muchos millones de dólares que reciben de regalo las comunidades indígenas, bien podrían enviar a sus jóvenes a estudiar a los mejores centros de educación en el mundo como lo hacen los Seminolas con la inmensa fortuna que se ganan por trabajar y producir.

Hace pocos años un amigo que trabaja en una empresa de servicios petroleros me contaba que lo habían trasladado a Bolivia. Contrario a la percepción que tenía sobre los aborígenes bolivianos, formada con base al comportamiento extorsivo de las comunidades de los aborígenes colombianos, me dijo que allá los indígenas sí querían trabajar y promovían la llegada de las empresas privadas a sus comunidades porque, al romper los lazos de dependencia con la caridad pública, sabían que iban a ser reconocidos como trabajadores con derechos y beneficios e iban a dejar de ser tratados como limosneros que le mendigan al gobierno nacional de turno para poder comer.

La profesora, Sandra Borda, escribió un libro en el que se preguntaba la razón por la que los colombianos son tan parroquianos. Ignorantes de todo lo que sucede en el mundo, desconectados de la realidad como si asumieran que, por ser percibida como lejana, no los afecta en su vida cotidiana y, por eso, no les debe importar.

La Crisis de Ucrania está teniendo una trascendencia sin precedentes que puede ser un hito histórico con alcances y consecuencias superiores a lo ocurrido con posterioridad a las Grandes Guerras y a la Caída del Muro de Berlín. Se está creando un Nuevo Orden Mundial multipolar como consecuencia directa de la ocurrencia de hechos que parecen aislados pero que, al estar coincidiendo en el tiempo, están siendo determinantes en el nuevo rumbo que va a tomar la humanidad.

Uno de esos hechos es el regreso al Patrón Oro que no significa otra cosa que, el final de la emisión de monedas nacionales sin respaldo en oro o en activos tangibles. Dicho de otra manera, el Estado ya no puede seguir encendiendo la imprenta de hacer billetes para regalarle la plata a los periodistas tradicionales, ni a las oenegés, ni a los grupos supremacistas de los indígenas, las aborteras, los cambioclimáticos, los LGBTI o los afro descendientes que, fomenta la inflación, la inequidad y la distribución injusta de la riqueza.

La caída en los precios de la cocaína por culpa del aumento desbordado en la producción, la desaparición de los dólares físicos que van a ser reemplazados por dólares digitales (que no tiene nada que ver con las mal llamadas cryptomonedas), el desmantelamiento de las estructuras de traficantes de niños y el repudio generalizado de los colombianos a los actos violentos protagonizados por los supremacistas indígenas, son señales de alarma que les exige replantear su estrategia de supervivencia en el futuro. Los Seminolas les pueden dar la clave.

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