lunes, septiembre 20, 2021
EspecialesOpiniónLa última temporada de “Los Progresistas” en Colombia
Andrés Villota Gómez
@AndresVillotaGo

La última temporada de “Los Progresistas” en Colombia
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En la entrada a una de las guaridas del grupo terrorista de orientación petrista-progresista “La Primera Línea” se lee un aviso que dice: “Contra el Fascismo y por la Libertad. Acción Directa”. La Acción Directa es un concepto introducido por el comunista radical Georges Sorel en el que plantea el uso de la violencia, del terrorismo, de la destrucción y del caos como la única forma para que el comunismo llegue al poder. Lo contradictorio del asunto es que la obra de Sorel fue determinante en la formación ideológica de Benito Mussolini, el fundador del fascismo. El origen del grupo de choque y terrorismo urbano de los Camisas Negras que usó Mussolini para amedrentar y chantajear a la sociedad para llegar al poder en Italia, es la consecuencia directa de la influencia de Sorel.

Los terroristas del apéndice violento de la Colombia Humana de Gustavo Petro están luchando contra el fascismo siendo fascistas, promoviendo el fascismo y utilizando métodos fascistas. El progresismo en Colombia se basa en la victimización, en la lucha contra los “fachos” (fascistas) y los “paracos” (paramilitares), a los que culpan de todas sus desgracias personales. Casos patéticos como el del joven progresista Julián Sastoque que basó toda su campaña para llegar al Concejo de Bogotá en inventarse que el presidente Iván Duque lo había mandado a asesinar por haberle hecho una pregunta en un debate es un ejemplo de la falta de propuestas del progresismo y de su estrategia de victimización para lograr dividendos en lo político. Luchan contra un sistema que es muy injusto con los jóvenes progresistas, en su gran mayoría drogadictos y analfabetas funcionales, porque el Estado “paraco” no les da oportunidades y toda la cocaína y crack que su adicción merece.

“En la entrada a una de las guaridas del grupo terrorista de orientación petrista-progresista “La Primera Línea” se lee un aviso que dice: “Contra el Fascismo y por la Libertad. Acción Directa”

ANDRÉS VILLOTA GÓMEZ

Semejantes portentos de adicción y sabiduría desconocen el origen comunista del fascismo y que el único grupo paramilitar que existe en Colombia, como quedó demostrado durante la destrucción de la ciudad de Cali, es el conformado por los desmovilizados de las guerrillas comunistas de las FARC que fueron armados y equipados por el gobierno de Juan Manuel Santos y disfrazados de líderes sociales y presentados como integrantes de la Unidad Nacional de Protección (UNP). Su lucha, la de los progresistas, es contra ellos mismos y contra todo lo que representan. Dicho de otra manera, el progresismo se está autodestruyendo ahogándose en su propio mar de contradicciones, incompetencia, delitos, mentiras y falsedades que cada vez son más evidentes e inocultables.

El rechazo unánime de los progresistas a la reforma tributaria presentada por el gobierno nacional colombiano que generó violentas protestas por parte de todos los que no han pagado impuestos jamás en su vida, ni los iban a tener que pagar con la reforma, dejó en evidencia la torpeza de los progresistas porque terminaron oponiéndose, ellos mismos, a su modelo económico anacrónico basado en el parasitismo social y oponiéndose a su propuesta política basada en un Estado que le paga todo a todos en nombre de la justicia social apropiándose de los impuestos que pagan los que trabajan y producen.

Los alcaldes progresistas que se mimetizan como representantes de la “centro izquierda” se auto destruyeron y se auto marginaron de cualquier aspiración política para el futuro, precisamente, por haber gobernado con todo el repertorio progresista radical, dilapidando el erario público, dándole millonarios contratos a sus amigos y a los políticos que los ayudaron a subir al poder municipal. Claudia López, Daniel Quintero y Jorge Iván Ospina hoy son un trío de zombies, de muertos vivientes que esperan a ser revocados.

La cereza en el pastel de la nefasta gestión de los alcaldes progresistas fue cuando legitimaron el terrorismo, en sus ciudades, dándole concesiones y legitimidad al grupo terrorista “La Primera Línea”. Gracias al accionar violento del grupo terrorista financiado por el segundo al mando del progresismo colombiano, Gustavo Bolívar, el precio de la finca raíz empezó a caer después de varias décadas de ascenso permanente. ¿Por qué habría de ganar valor las propiedades ubicadas en ciudades donde decapitan a los trabajadores, destruyen las empresas y queman el transporte público?

Durante lo más difícil y trágico de la pandemia, que estaba prohibido para los colombianos salir a la esquina de su casa, Gustavo Petro no tuvo inconveniente alguno para viajar a Cuba en mayo del 2020, según dicen, a coordinar la participación colombiana del Foro de Sao Paulo en el proceso electoral de los Estados Unidos para asegurar el triunfo de Joe Biden que, por lo delicado y fraudulento, era un tema imposible de tratar utilizando medios virtuales. Después, en medio de uno de los picos de la pandemia más graves en Italia, Gustavo Petro apareció en Florencia infectado con COVID, visitando a una de las muchas hijas que tiene desperdigadas por el mundo, en un momento en que las autoridades italianas solo le habían dado permiso a Lady Gaga y a Al Pacino para rodar en Roma una película sobre la familia Gucci. Una muestra del inmenso poder que tiene Gustavo Petro en Colombia y en el mundo.

Para Gustavo Petro, nunca va a existir la acción de la Ley en su contra, o institución local o global alguna que lo pueda detener. Ni cuando fue grabado en un video recibiendo dinero en bolsas, la Corte Suprema de Justicia colombiana lo consideró culpable de un delito, por el contrario determinó, con solo ver las imágenes del video, que el origen del dinero era lícito. Por un video idéntico, el poder en la sombra del Perú, Vladimiro Montesinos fue detenido. A Gustavo Petro nunca lo afectará la acción de la justicia local o la de los Estados Unidos, lo que ha llevado su vida a un nivel de leyenda y por eso es visto por muchos colombianos como una leyenda igual a la de Pablo Escobar. Gustavo Bolívar, su fiel escudero, tampoco ha sido ni será llamado a rendir cuentas por la justicia colombiana, ni por la justicia de los Estados Unidos a pesar de las múltiples estafas en las que ha participado.

“A Gustavo Petro nunca lo afectará la acción de la justicia local o la de los Estados Unidos, lo que ha llevado su vida a un nivel de leyenda y por eso es visto por muchos colombianos como una leyenda igual a la de Pablo Escobar”

ANDRÉS VILLOTA GÓMEZ

Ser intocable, tiene a Gustavo Petro a las puertas de la Casa de Nariño el próximo año porque, en este punto, se podría robar el resultado de las elecciones y nadie lo va a investigar o cuestionar y menos sancionar. Por las buenas o por las malas Gustavo Petro va a ser el presidente de Colombia en el año 2022. Esa expectativa ha generado una fuga de capitales igual a la ocurrida durante el gobierno de Ernesto Samper y durante el segundo mandato de Juan Manuel Santos que tiene el precio del dólar en Colombia por las nubes como consecuencia de la gran demanda de dólares generada por los inversionistas que quieren cerrar sus posiciones.

La posible llegada del progresismo al poder en Colombia alteró de manera grave la productividad y anticipó la migración de los colombianos, especialmente, de los jóvenes no progresistas que temen ser decapitados cuando regresen de su trabajo o que sus familias sean expropiadas. El progresismo promueve la desaparición de la policía lo que ha disparado la inseguridad en las ciudades progresistas y promueve la desaparición de la propiedad privada, una copia de los postulados del grupo terrorista progresista Black Lives Matter.

En medio de ese panorama, se están presentando rupturas al interior del progresismo. La alcaldesa progresista​​ Claudia López culpa a Gustavo Petro del fracaso y del desastre de su gestión (la de ella). El progresista actor Bruno Díaz culpa a Gustavo Bolívar del suicidio de su hijo. Gustavo Bolívar acusa a Claudia López de mutilar a los jóvenes miembros de “La Primera Línea” como lo hizo el rey Leopoldo II con los aborígenes del Congo Belga. Claudia López acusa a Gustavo Bolívar de financiar el terrorismo y de pagarle $20 dólares diarios a los jóvenes progresistas por quemar buses, bloquear vías y decapitar a los trabajadores. Una guerra que parece no terminar.

El progresismo colombiano se encuentra ante una disyuntiva. O llega al poder en el 2022 cambia la Constitución colombiana y se queda en el poder para siempre, o se debilita por la intensidad de las luchas internas y se resquebraja la débil unión de las vertientes radical y moderada que significa la desaparición del progresismo en Colombia. Podría ser la última temporada del reality grotesco de “Los Progresistas”.

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