lunes, julio 4, 2022
EspecialesOpiniónGustavo y Francia son los clones de Joe y Kamala
Andrés Villota Gómez
Andrés Villota Gómez
@AndresVillotaGo

Gustavo y Francia son los clones de Joe y Kamala
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John Paul Mac Isaac dueño de la tienda The Mac Shop de Wilmington, Delaware, halló material pornográfico infantil en un computador personal dejado para ser reparado. Como era su obligación, cuando es detectado este tipo de contenido, denunció ante las autoridades competentes al dueño del computador que resultó ser, nadie más ni nadie menos que, Hunter Biden, el hijo de Joe Biden.

El prestigioso periódico New York Post, fundado hace 220 años por Alexander Hamilton, publicó la noticia que, inmediatamente, fue censurada por los dueños de las redes sociales y por los medios de comunicación tradicionales que, con el tiempo se supo, estaban involucrados en ejecutar y financiar un plan para “salvar a la democracia”.

“Salvar a la democracia” fue el eufemismo utilizado para denominar y justificar un plan criminal para robarse las elecciones presidenciales del año 2020 en los Estados Unidos como lo confesó la militante fundamentalista del Partido Demócrata, Molly Ball, en su columna The Secret History of the Shadow Campaign That Saved the 2020 Election, publicada en la prestigiosa revista TIME el 4 de febrero del 2021, a solo pocos días de haber “coronado” su plan criminal con la posesión de Joe Biden.

Faltando pocos días para las elecciones presidenciales, publicar la noticia sobre los delitos de Joe Biden y su hijo, y el contenido del computador, era un golpe mortal para el plan criminal de “salvar a la democracia”, no porque se abortara el plan, sino porque iba a ser muy difícil justificar el triunfo fraudulento de Joe Biden tras semejante escándalo. Hoy, casi un año y medio después de lo ocurrido, el New York Times admite, finalmente, que la información era verídica y que cometieron un error por haber censurado la publicación de la información.

La justificación para robarse el resultado de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos en noviembre del 2020 fue acabar con la “dictadura” del presidente Donald Trump, según los líderes más prominentes del partido Demócrata y los cabecillas de los grupos terroristas fascistas Black Lives Matter (BLM) y ANTIFA. La naturalización y la legitimación social de un acto criminal.

Convencer a los seguidores de Joe Biden y Kamala Harrys que el presidente Donald Trump era un dictador y que Estados Unidos era una dictadura fue muy fácil porque los militantes del Partido Demócrata ya habían demostrado ser bastante ignorantes sobre asuntos económicos y políticos, en una encuesta en la que afirmaron que Suecia, Dinamarca y Noruega eran países comunistas, mientras que consideraban a Corea del Norte, Cuba y Venezuela como países capitalistas.

Probar los enormes vacíos de conocimiento entre los miembros del Partido Demócrata permitía, además, mostrar que era posible justificar un triunfo basado en una lista de disparates, argumentos sin sentido y propuestas absurdas hechas por Joe Biden y Kamala Harrys, que violaban la racionalidad económica, los postulados básicos del sentido común e insulta la inteligencia del ciudadano estadounidense promedio. Esa narrativa iba acompañada de supuestos estudios y encuestas que dejaban entrever que los que iban a votar por el presidente Donald Trump eran brutos, mientras que eran muy inteligentes los que iban a votar por Joe Biden.

Por ejemplo, el día de las elecciones, para justificar la aparición mágica de millones de votos después de cerradas las urnas (en el documental “2.000 Mules” se muestra cómo realizaron el fraude de los votos por correo), los periodistas inescrupulosos afirmaban que faltaban por contar los votos de los centros urbanos en los que vivían todos los que votaban por Joe Biden, insinuando que hacían parte de un grupo de supremacistas intelectuales, miembros de una clase Ilustrada Urbana mientras que, los que votaron por el presidente Donald Trump, eran todos campesinos iletrados.

Así justificaron que todos los votos que aparecieron en la madrugada del 4 de noviembre del 2020, fueran solo para Joe Biden. Los inteligentes vivían en las ciudades y eran tan inteligentes que no iban a votar personalmente porque se contagian de COVID19, si lo hacían. Esos mismos, tampoco habían asistido a ninguna de las reuniones convocadas por Joe Biden y Barack Obama en la plaza pública. Por el contrario, los trogloditas que iban a votar por Donald Trump, ellos sí iban por millones a las manifestaciones del Partido Republicano, y sin tapabocas.

La supuesta votación más alta en toda la historia de los Estados Unidos, la obtuvo el presidente más impopular en toda la historia de los Estados Unidos. Esa enorme contradicción ha servido para confirmar que los militantes del Partido Demócrata no eran tan inteligentes como decían o para confirmar la existencia de un fraude electoral a gran escala. El tiempo ha demostrado que las dos razones son válidas.

Independiente de su filiación política, es imposible que a la gente le guste vivir en condiciones indignas, que prefiera perder sus libertades y sus derechos, que prefiera que le regalen a otros países sus recursos o que prefiera tener que pagar 5 veces más por la comida, la energía y la vivienda. Elegir las propuestas hechas por Joe y Kamala, a todas luces, iba a llevar a los Estados Unidos al abismo, a la tragedia económica, social, ambiental y migratoria que vive hoy.

Resultó ser tan alta la ignorancia de los más fanáticos miembros del Partido Demócrata que jamás lograron relacionar su voto por Biden y sus políticas Progresistas con la desgracia que viven hoy en su comunidad. Solo los más inteligentes han logrado asociar la caída de la hegemonía de Estados Unidos con las decisiones tomadas por el gobierno de Joe Biden y Kamala Harrys, el resto, piensa que todas sus desgracias son culpa de Vladimir Putin y que por eso toca darle, del patrimonio de todos, $40.000 millones de dólares americanos a Ucrania y a su presidente cuenta chistes. Los inteligentes resultaron ser los que no votaron por Joe y Kamala.

Algo muy parecido pasó en Perú con Pedro Castillo y en Chile con Gabriel Boric que, supuestamente, ganaron en las urnas con unas propuestas absurdas, de pipiripao que, apenas las empezaron a poner en práctica, han sido rechazadas por el pueblo que los eligió. O no las entendieron los miembros de la Izquierda que, supuestamente, son los más inteligentes de la sociedad o la gente no votó por ellos y ganaron porque hubo fraude.

Altas votaciones pero baja popularidad a solo pocos días de haber sido elegidos, señal de alarma sobre la ocurrencia de un fraude electoral. De hecho, en Perú, el empresario Zamir Villaverde, ya confesó que existió y que financió un fraude electoral en contubernio con la Junta Electoral Central peruana.

En Colombia, como si se tratara de un par de clones de Joe Biden y de Kamala Harrys, Gustavo Petro y Francia Márquez también dicen que van a salvar a Colombia de la dictadura del presidente Iván Duque y la van a librar de la dictadura en la que viven los colombianos, gracias al “cambio por la vida” que pregonan los que insisten en implantar la ideología anacrónica del comunismo del Siglo XIX y los mayores patrocinadores del aborto y la eutanasia. Los comunistas pro aborto, Petro y Márquez, son los impulsadores del cambio y de la vida.

Gustavo Petro y Francia Márquez se rodean y le hablan a los más ignorantes que son, a su vez, los más vulnerables y a los que pueden manipular más fácil por ser los que se rajan en lectura crítica porque no tienen la capacidad de cuestionarse, de pensar, de analizar la información que reciben, solo repiten lo que les dice el activista fundamentalista del Pacto Histórico que casi siempre es el matón, el artista decadente, el terrorista, el fracasado, el cafre, el rufián del barrio. Sin embargo, llevan muchos años diciéndole a los que no piensan igual a ellos que son “Uribestias”.

En Colombia, Gustavo Petro y su movimiento político se robaron las elecciones parlamentarias y existen todos los indicios que se van a robar, también, las elecciones presidenciales en complicidad con las autoridades electorales colombianas. Al Pacto Histórico de Gustavo y Francia, le aparecieron votos después de cerradas las urnas, en un software con el que, también, contaron los votos en Estados Unidos, Perú y Chile.

No dejaron recontar los votos porque se daban cuenta del descalce entre los votos digitales mostrados por el software y los votos físicos. Ese descalce también es evidente entre los millones de personas que salen a las calles a apoyar al candidato Federico “Fico” Gutiérrez y el resultado de las encuestas hechas por las encuestadoras propiedad de la burguesía progresista global.

Evitar el reconteo de los votos fue avalado por todos los movimientos que están metidos en la versión colombiana de “salvar a la democracia”. Si destituyen al Registrador, Alexander Vega, legitiman el fraude porque el plan ya está en marcha y se quedan los encargados de ejecutarlo, pero ante la opinión pública mundial quedará que ya se fue el corrupto que le quitaba la legitimidad y la credibilidad al resultado electoral.

La sarta de imbecilidades que dice Gustavo y Francia es lo mismo que decía Joe y Kamala. Acabar con la industria del petróleo, imprimir billetes de manera desaforada o la justicia climática, son tres de los muchos temas comunes a las dos campañas presidenciales. Dicen bestialidades con la tranquilidad de saber que, independiente a lo que digan, ya tienen asegurado el triunfo.

Michael Bloomberg usó su inmensa fortuna para pagar las fianzas de peligrosos criminales a cambio de que votaran por Joe Biden. La visita a las cárceles del hermano de Gustavo Petro a los nietos del dictador Gustavo Rojas Pinilla y a otros peligrosos criminales para ofrecerles dádivas legales a cambio de ordenar a sus calanchines en libertad, que voten por Gustavo Petro. Más coincidencias.

Hasta, Joe y Gustavo, han coincidido en el porcentaje de seguidores falsos que tienen en Twitter. Según SparkToro, firma especializada en auditorías forenses digitales, es del 50% y 55% respectivamente. Si falsifican seguidores en Twitter y engañan a la sociedad, ¿por qué no habrían de falsificar los votos necesarios para ser presidentes de un país?.

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