lunes, diciembre 6, 2021
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Andrés Villota Gómez
@AndresVillotaGo

El Exhibicionismo
E

Me sorprendió la facilidad con la que se habían robado las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de frente, en tiempo real, ante los ojos de todo el mundo, pero después de haber unido diferentes hechos que a simple vista parecían dispersos y sin correlación alguna, por los lugares y los actores involucrados, entendí que todo hace parte de una gran puesta en escena que necesitaba exhibir todos esos acontecimientos para lograr desmontar las estructuras de poder existentes y para revaluar los mitos que se habían dado por ciertos y válidos durante muchos años.

Era necesario mostrar todos esos hechos absurdos, violentos, criminales, indignos, grotescos, decadentes, patéticos, injustos porque solo así la gente iba a poder entender la realidad y deducir la verdad. La gente debía vivirlo, padecerlo, para que pudiera tomar decisiones sobre su futuro. Era la única forma en la que el poder iba a regresar a la gente y se lo quitaran, para siempre, a los políticos, a las oenegés, a los periodistas tradicionales, a los burócratas, a los académicos y a los científicos.

No podía ser con una guerra o una revolución violenta porque eso significaría el fracaso y la deslegitimación del proceso. Solo así, la gente, podía despertar del letargo en el que había caído por culpa de la ignorancia y lograría hacer una transición pacífica hacía una nueva realidad sin presiones o imposiciones. Se debía crear un entorno favorable para que la gente volviera a usar su libre albedrío, su sentido común, retomara las riendas de su destino y lograra liberarse del dominio ejercido por la misma minoría desde siempre.

En medio de la histeria colectiva impuesta por el discurso de dominación que ha usado como fachada al comunismo, le mostraron al mundo lo que debía ver para que tomara decisiones. Un guión escrito en el mismo lenguaje de las minorías dominantes, usando sus propios argumentos y contradicciones. Se llevó a todos los entornos y escenarios para no limitar su alcance. En el hogar, en la educación, en la política, en la farándula, en la ciencia, en la tecnología y hasta en los deportes. Todo se está transformando con el mismo lenguaje y dicho por los que tenían que decirlo para que fuera aceptado y tuviera un efecto real de cambio.

Joe Biden se robó las elecciones y, por eso, no iban a certificar los votos de los colegios electorales en el Congreso estadounidense el día 6 de enero del 2021. Si la policía del Congreso no hubiera dejado entrar a Jacob Chansley a bramar como un bisonte con su torso cuasi desnudo en uno de los salones vacíos del Congreso, hoy, Joe Biden no estaría en la Casa Blanca. De hecho, varios congresistas lo dijeron abiertamente, hubo fraude y por eso iba a descertificar los votos a favor de Biden pero después de lo que hizo el señor de los cuernos con apariencia de bisonte, voy a certificar los votos a favor de Biden.

Los dejaron posesionarse. Y desde ese día, ese par (Biden & Harris), empezó a hacer (o no hacer) todo para que en este momento, 307 días después, sea el presidente y la vicepresidente más impopular en el último medio siglo y que la mayoría de estadounidenses afirme, según una encuesta de Suffolk y USA Today, que la prioridad para Biden, en el 2022, es que renuncie, que se vaya o que lo destituyan. Hace poco entrevistaron a militantes del partido Demócrata y les preguntaron sobre lo que había hecho Biden durante su mandato y, todos, se quedaron callados. Solo uno dijo con sorna que había creado el movimiento de “Let’s Go Brandon”. El arrepentimiento es total de los que votaron, de verdad, por él.

Biden & Harris se han visto erráticos, incompetentes, ausentes, incapaces y solo han hecho lo que la minoría fundamentalista de ultra Izquierda del partido Demócrata les exigió. Eso es lo que han mostrado, exhibido a la opinión pública mundial para que vean lo que pasa cuando se hace lo que exige la minoría dominante comunista y se pisotean y anulan los intereses, derechos y libertades de la gran mayoría.

La fórmula perfecta para el fracaso que ha llevado a los Estados Unidos a una profunda crisis económica, social e institucional que también ha generado grandes divisiones al interior del partido Demócrata, con el agravante que la división al interior del alto gobierno parece tener su origen en una actitud racista, xenófoba y machista de Joe Biden frente a Kamala Harrys y sus colaboradores, lo que habría provocado la renuncia de Ashley Etienne, por ejemplo. El Mesías del partido Demócrata que iba a liberar a Estados Unidos del racismo, de la xenofobia, del machismo y del supremacismo blanco, resultó ser racista, xenófobo, misógino y supremacista blanco. Que horror.

Sin embargo, en medio de semejante tragedia, se le demostró a la sociedad estadounidense que existía una relación entre el voto, por quién votaban y las consecuencias y afectaciones en su vida cotidiana. Los que de verdad votaron por Joe Biden se sienten estúpidos por haber sido mentalmente débiles y haberse dejado convencer de que el presidente Donald Trump era “malo” por estar trabajando a favor de la libertad de la mayoría y desmontando los privilegios y los enormes beneficios de la minoría del Deep State. Planteaban como un “delito” estar a favor de la democracia, de la libertad y del libre mercado, y por eso, creían descalificar al presidente Trump diciéndole “extremista de derecha”. ¿Se imaginan lo imbéciles que se deben sentir hoy, los que repetían eso, haciendo cara de grandes librepensadores?

A pesar que el presidente Donald Trump era el estadounidense más admirado en noviembre del 2020, según Gallup, muy por encima de los Obama y de Joe Biden, a pesar que la mayoría de los estadounidenses decían estar mucho mejor en noviembre del 2020 que en la época de Obama-Biden y a pesar del enorme respaldo popular mostrado en las marchas y los rallys multitudinarios que lograba convocar el presidente Donald Trump, a pesar de todo eso, si no hubieran certificado los votos a favor de Joe Biden y no hubieran dejado consumar el fraude electoral, las hordas salvajes de los terroristas urbanos de BLM y ANTIFA habrían quemado a Estados Unidos y los periodistas tradicionales hubieran dicho que el presidente Trump era un tirano, un dictador mentiroso que había destrozado a la democracia. O ya se les olvidó el sirirí de los Ultra Santistas que conocen (todos conocen a uno, yo conozco a varios), diciendo que Trump era un supremacista blanco, mal perdedor y que lo del fraude era un invento, un complot. ¿Se acuerdan?

Gracias a todos esos hechos que ha visto y vivido la sociedad estadounidense más los cambios en las normas electorales que no van a permitir un fraude electoral de nuevo, no existe la más remota posibilidad de que sea reelegido Joe Biden en el 2024 y que su partido, el partido Demócrata, mantenga la mayoría en el Congreso en las próximas elecciones del 2022. Si no hubieran dejado llegar a la Casa Blanca a Joe Biden no hubiera podido demostrarle al mundo, el fracaso de su narrativa totalitaria, y no hubiera podido exhibir toda la corrupción, toda la barbarie, toda la maldad y toda la decadencia de la clase dominante estadounidense. El exhibicionismo funcionó.

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