martes, julio 27, 2021

CUBA: ¿Ya no se identifica con el comunismo?

Lina Caicedo
Reportera, especialista en política social y estratega de comunicaciones

Protestas en Cuba dejan claro una polarización inédita en la isla que involucra a una nueva generación que no se identifica con el comunismo

Es muy difícil saber si las protestas de la última semana en Cuba son una muestra de la rebelión al gobierno por parte de su pueblo, lo que sí se constata es una marcada e inédita polarización.

Principalmente porque las nuevas generaciones no se sienten necesariamente identificadas con los valores del comunismo y están pidiendo a «gritos» un cambio estructural.

Una transformación que dé solución a las necesidades más básicas de la cotidianidad de los cubanos las cuales van referidas, sobre todo, al mejoramiento de la situación económica.

No obstante, también hay sectores de la sociedad que exigen mayores libertades civiles y políticas, y abogan por canales de comunicación, sin censura, apostando porque quienes tienen opiniones distintas, puedan expresarlas.

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El llamado del pueblo

Por eso las protestas que sacuden La Habana y las principales ciudades de la isla no son más que la expresión de demandas fundamentales.

Detrás de las manifestaciones está el mensaje explícito por la mejora de las condiciones materiales del pueblo cubano.

Que el salario alcance para una vida mejor, un transporte digno, viviendas para todos, que no haya cortes eléctricos, y ante todo: que el gobierno sea capaz de responder de manera eficaz a esas demandas.

«Sería un error interpretar las protestas como una rebelión masiva del pueblo cubano frente a su gobierno. Si bien es cierto ha habido parte de la población cubana que ha manifestado su cansancio frente a una situación económica en general, las insatisfacciones tienen que ver con el poco éxito de la implementación de una serie de reformas económicas», explica el profesor Daniel Cubilledo Gorostiaga, profesor de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana.

Reformas que fueron anunciadas en el año 2011 cuando Raúl Castro todavía estaba en el poder a manera de una actualización del socialismo.

«Todas estas medidas no han sido implementadas con la rapidez y no han sido capaces de dar respuestas a muchas insuficiencias que ya existían en Cuba como pueden ser las largas colas para el abastecimiento irregular de alimentos, de artículos de aseo, medicamentos, que se ha acentuado más por las sanciones de Trump y la pandemia», complementa Cubilledo.

«Sería un error interpretar las protestas como una rebelión masiva del pueblo cubano frente a su gobierno.»

Daniel Cubilledo Gorostiaga

Una lucha de todos

Algo que no riñe con las demandas de muchos países de la región, para la muestra las recientes protestas en Colombia o la situación en Venezuela.

Pero Cuba, al igual que muchos países del continente protesta no solo por la degradación de la situación económica, la pandemia la ha dejado maltrecha.

El coronavirus ha generado una crisis sanitaria sin antecedentes en la isla, sin contar una importante reducción del turismo y del ingreso de remesas.

Remesas que le permiten a los cubanos en buena medida tener acceso a dólares.

Pero allí no para todo, las sanciones que impuso Donald Trump golpearon de manera contundente, casi similar a una estocada, la economía cubana.

Además, las sanciones sobre terceras empresas que inviertan en Cuba redujo la inversión extranjera que era clave para mantener la economía a flote.

La lectura a las protestas

La polarización en la isla también se refleja en las versiones que aseguran la salida a las calles de quienes están comprometidos con la defensa de la revolución y atendieron el llamado de Díaz-Canel en tal sentido.

«No se habla de otras manifestaciones que ha habido en Cuba, de otro sector nada despreciable de la población que ha salido a defender el Gobierno, el proyecto revolucionario, es una realidad que nos ayuda a enter complejidad y naturaleza de estas protestas», analiza el profesor Cubilledo.

Otros sectores cuestionan cómo la policía y el sistema de vigilancia cubano de los comandos de defensa de la revolución han intimidado a las personas para que no salgan.

Es obvio que ha habido detenciones, esto es evidente en un régimen como el cubano. Justo el domingo pasado se interrumpió la señal de internet como una medida para evitar más manifestaciones y aglomeraciones.

Intervención armada

Por otro lado, para Mauricio Jaramillo Jassir, internacionalista y profesor de la Universidad del Rosario de Colombia «la intervención armada está descartada, primero porque a EE.UU. no le conviene y segundo porque en términos políticos sería una hecatombe», señala.

Pensar en una intervención militar, dicen los analistas, es muy costoso políticamente para EE.UU., además sería inviable, por eso de manera muy rápida algunos congresistas como Bob Meléndez la han descartado de tajo.

«En el mismo sentido lo ha dicho Joe Biden, básicamente porque a nadie le interesa y porque sería muy poco efectivo y eso terminaría de ahogar a Cuba», complementa el profesor Jaramillo.

«La intervención armada está descartada, primero porque a EE.UU. no le conviene y segundo porque en términos políticos sería una hecatombe»

Mauricio Jaramillo Jassir

Qué puede hacer el Gobierno Biden

Para muchos las sanciones económicas a la isla son anacrónicas y el embargo es insostenible, sin contar que son medidas que están en contra del derecho internacional.

«No se pueden imponer sanciones sobre terceros, no se pueden castigar empresas que inviertan en Cuba, no tienen ningún sentido las sanciones, lo hemos visto en Irán, Rusia, Libia, Irak y Venezuela; las sanciones lo que hacen es golpear a los más vulnerables, a la gente del común, mientras que los políticos generalmente tienen formas de evadirlas», dice el internacionalista.

La salida a la crisis

Por eso propone que lo primero que debería hacer el gobierno Biden es lo mismo que en su momento hizo Bark Obama, flexibilizar y levantar la sanciones.

En cuento a la comunidad internacional su tarea frente a la situación de la isla es estar atenta a promover el diálogo en términos generales.

«Estas crisis políticas en otros escenarios se terminan superando porque la comunidad internacional promueve espacios de diálogo y transparencia que conducen a cambios concretos», explica el profesor Jaramillo.

Así mismo se hace necesario un mayor compromiso de negociación del Estado cubano para involucrar a esos sectores que están inconformes.

Sin embargo, el papel de la comunidad internacional ha estado truncado o limitado por el interés de otros países por solucionar sus propias crisis por la pandemia.

«El Gobierno Biden lo que debería hacer es derogar el embargo al que tiene sometido al pueblo de Cuba o al menos retomar algunas de las medidas de flexibilización; además respetar el derecho internacional que afirma la libre determinación de los países para decidir que sistema político, económico y social que quieren establecer y respetar también la no ingerencia, la no intervención», agrega el profesor de la Javeriana.

Y agrega que una presión internacional «debe estar enfocada a que se eliminen las medidas de embargo económico y las sanciones diplomáticas que el Gobierno de EE.UU. tiene contra Cuba».

Qué viene para Cuba

Cuba está cambiando de tiempo atrás, los años 2017, 2018 y 2019, en los que se negoció la reforma a la constitución de 1976 vislumbraban una transformación importante en la isla.

En ese sentido, las protestas de esta semana ponen a prueba la capacidad que se escribió en esa Constitución y que reconoce principios de la economía de mercado, el cuentapropismo (término cubano para una persona que vive de su propio negocio y es un trabajador «no estatal»), cierta iniciativa privada y reafirma el socialismo.

Sin embargo, tiene grandes pasivos como la población lgtb a la cual no se le reconoció matrimonio igualitario y el acceso a internet sigue siendo una tarea pendiente.

Pero, quizás hay un reto más grande en Cuba. Las protestas ponen a prueba la capacidad de adaptación del partido comunista cubano y su capacidad para conciliar con eso jóvenes que no se siente identificados con los valores de la revolución.

Ese partido comunista que sobrevivió a la desaparición de la Unión Soviética, un hecho histórico y valeroso, ahora le toca el desafío de conectar la revolución con los millennials y centennials.

Además, si bien es cierto que se ha abierto tímido esquema de diálogo no del todo confían en ello dado que lo menos que quieren es que el comunismo se les salga de las manos ni mucho menos abandonar el discurso socialista.

Las acciones del Estado

La apertura al diálogo supone como regla básica que no se va a cambiar el comunismo. Para el gobierno cubano esto va más allá de una campaña de represión y estigmatización por parte de EE.UU.

«Para el régimen es catastrófico el panorama de la gente en las calles protestando, por eso van a tratar de dar la imagen de que hay conformismo, de que no todo el mundo se siente representado en las protestas, que hay un canal de diálogo y van a tratar de intimidar a muchos de esos manifestantes para disuadirlos de salir a protestar», concluye el docente dela Universidad del Rosario en Colombia.

El llamado de los analistas coincide en que el Estado sea capaz de tomar medidas económicas y sociales rápidas para alivianar la situación y facilitar un mecanismo de concertación.

Entre las propuestas están «mayores libertades a artistas e intelectuales, espacios donde diferentes sectores ‘críticos’, tengan capacidad para expresar y comunicarse, pero, responder a necesidades materias es lo más importante», concluye el profesor Cubilledo.

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