domingo, mayo 22, 2022

¡CUANDO LA VIDA NO VALE NADA! Cómo Maduro usa a los 6 de Citgo para presionar a EE.UU.

Defensores de los 6 exdirectivos de Citgo ratifican que el juicio estuvo plagado de irregularidades. Mientras EE.UU. insiste en pedir su liberación

Cuando extraditaron a Alex Saab a Estados Unidos, Verónica Vadell tuvo un mal presentimiento. No se equivocó. Ese mismo día le revocaron el beneficio de casa por cárcel a su padre, y al resto de los seis exdirectivos de Citgo condenados en Venezuela.

Conocidos como los «Citgo 6», estos cinco nacionalizados estadounidenses y uno con residencia permanente en ese país, cumplen penas de entre ocho y 13 años. Lo acusan cargos de corrupción.

Pero la ONG, Foro Penal los cuenta entre los más de 251 «presos políticos» de Venezuela.

Verónica Vadell, la mayor de los tres hijos de Tomeu Vadell, recuerda estar «viendo las noticias de Alex Saab y de la extracción» de Cabo Verde a Miami.

«Nos preocupamos porque ya hemos visto antes que (la administración de Maduro) ha reaccionado cuando ciertas cosas pasan en Estados Unidos». Así lo explicó Vadell a la AFP, por videoconferencia desde Venezuela.

Mientras Saab, empresario colombiano y aliado clave de Maduro, era extraditado el 16 de octubre, los «Citgo 6» regresaban a El Helicoide, sede del Sebin.

«Si alguien tenía dudas de que él es un rehén, esta última detención lo confirma», dice la esposa de Vadell, Dennysse. «Ningún gobierno debe jugar así con la vida de las personas», agrega.

Además de Tomeu Vadell, cumplen condena José Pereira Ruimwyk, expresidente de la petrolera, así como los exdirectivos Jorge Toledo, Gustavo Cárdenas y José Luis Zambrano. A ellos se suma Alirio Zambrano. Ellos se enterarían semanas después, gracias a un periódico que les prestó un albañil en Dgcim, por qué los arrestaron.

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«Abran los corazones»

Ya antes habían revocado la casa por cárcel: en febrero de 2020, luego de una visita a la Casa Blanca de Juan Guaidó. 

En ese contexto a los «Citgo 6» los devolvieron a prisión. Entonces se consideró una «desaparición». Ni siquiera el tribunal que dictó el arresto domiciliario sabía dónde estaban, apunta Jesús Loreto, abogado de Vadell.

Este episodio se conoció por parte del grupo de trabajo de desapariciones forzadas de Naciones Unidas. 

«Es evidente que las razones de su encarcelación no son jurídicas, sino que responden a una intención del gobierno de utilizarlos de alguna manera». Todo, «en el contexto de logros políticos en sus relaciones con Estados Unidos». Así lo comenta Gonzalo Himiob, directivo de Foro Penal, al subrayar que los vicios del sistema de justicia son múltiples.

Tensas desde la era de Hugo Chávez, las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos, están marcadas desde 2017 por una artillería de sanciones de este país. Desde Washington se ha exigido varias veces la liberación de los «Citgo 6».

El juicio

Loreto describe el proceso como «turbulento». El juicio -que arrancó el 6 de agosto de 2020, dos años y medio después de su arresto el 21 de noviembre de 2017- se hizo a puerta cerrada. «Se llevó a cabo en un pasillo» del tribunal debido a la pandemia, custodiado por agentes armados del Sebin.

La defensa no podía ingresar con lápiz y papel para tomar notas. «Solamente podía entrar con un papel ya impreso», recuerda Loreto. Dice que también tenía que quitarse el reloj e incluso perdió un par de gafas, examinadas de tal forma que se estropearon. Lo hicieron así para descartar que tuviera algún dispositivo de grabación.

Se les atribuyó la firma irregular de un contrato de refinanciamiento a espaldas del Ejecutivo venezolano. Pero Loreto asegura que «quedó demostrado que ese contrato jamás lo firmaron». 

En cuanto a Vadell, la condena dice «expresamente» que debe permanecer preso porque su cargo indica que debía «reunirse periódicamente con el presidente de Citgo. En virtud de eso cometió el delito de asociación para delinquir», remarca Loreto.

La detención de Vadell, considerada «arbitraria» por su defensa, está plasmada en un informe de la Misión de determinación de hechos de la ONU en septiembre de 2021.

Su familia se refugia en la fe y en fotografías. En una, tomada en 2015, Vadell sonríe junto a su perro Sargent Pepper, ahora con 13 años. «Hay un hueco en la casa», expresa su hija Cristina, mientras Denysse clama por su libertad.

«Todos esos cargos son falsos», dice desesperada. «¡Abran los corazones, por favor libérenlo!».

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