martes, mayo 18, 2021

Barrio la 37 de Petare: pobreza y bondad entre cuatro paredes

Escoger que comprar entre un poco de pollo o granos, si se compra azúcar no llega la pasta o la sal a los hogares del barrio La 37 de Petare. Como cualquier sector popular de Venezuela, la zona está sumida en la pobreza, deficiencia de servicios públicos y la necesidad de sobrevivencia de sus habitantes

En un país donde comer se volvió un lujo ofrecerle un café a la visita es más que un gesto de bondad en el barrio La 37 de Petare. Es un recordatorio al don de gente y la cercanía de los venezolanos que no se pierde a pesar de la crisis.

Así nos recibió Raquel Banqués una mujer sonriente y amable a quien conocimos en nuestra primera visita a uno de los más de 2 mil barrios que tiene esta zona del municipio Sucre.

Su casa «la de las maticas» es donde se hacen las rumbas. Con picardía confiesa que es grande y cabe quien quiera, más si es para ser felices y olvidar por un rato las penurias de no tener mejores condiciones de vida.

Raquel dejó Colombia en la bonanza de Venezuela. Foto: Impacto Venezuela

Atrás quedó la Venezuela que Raquel escogió para echar raíces al dejar su Colombia natal. Llegó al país hace 40 años y recuerda como alimentaba a sus hijos.

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«Si no les gustaba el nestum de maíz les compraba el de arroz. A cada rato les cambiaba el alimento y les compraba el que les gustaba. Hoy no puedo darle ni un vaso de leche a mis nietos».

Alimentarse es costoso en un país con una distorsión económica que a diario desafía a los ciudadanos.

Petare no está a salvo de realidades inexplicables. Un Bolívar devaluado dos veces al día, un dólar que pareciera de facto, ser la moneda local y una pobreza que no permite que millones de estómagos tengan un poco de paz.

La precariedad y el hambre son la constante en Petare. Foto: Impacto Venezuela

Al hambre se suma la precariedad. En el barrio donde vive desde hace 21 años no llega el agua con regularidad. El ciclo es de cada 8 o 10 días y dura 3.

Ella y sus vecinos la almacenan en botellas, tobos, botellones y hasta moldes de tortas, cualquier recipiente es buena para guardarla y poder «echarse un bañito cuando el calor azota».

Un barrio de calles angostas y gente buena

La 37 es movido como cualquier rincón de Petare. Lo más alto del barrio regala una vista alucinante y un cielo imponente que te roba el aliento. Paradójicamente te abruma recorrer un lugar catalogado como uno de los más peligrosos del país.

Sus calles son angostas, llenas de recobecos, tomas ilegales de electricidad, huecos.

Los ancianos sufren la ausencia de los hijos que se fueron huyendo de la crisis. Foto: Impacto Venezuela

Mucha gente es pobre pero solo de dinero. La verdadera riqueza es el valor de su gente. Hombres y mujeres amables y sonrientes como «guayoyo» quién saludó con emoción a «los reporteros visitantes», sentado a orilla de calle.

El rugir de las motos y carros bajando y subiendo por las calles son el compañero de quienes bregan también con la falta de transporte y la inseguridad.

La tristeza de compañera

Llegar a Venezuela en plena época de bonanza y futuro solo siembra en el corazón de esta barranquillera nostalgia y dolor.

«Me dan ganas de llorar pensar como éramos antes y pasar tanta necesidad. Yo antes abría mi nevera y tenía carne, chuleta, pollo y uno comía lo que le provocaba, ahora dependo de mis hijos y nietos para poder vivir».

Raquel sonríe al recordar la Venezuela que la recibió hace más de 40 años. Foto: Impacto Venezuela

A pesar de la tristeza Raquel nos mostró su mejor cara. Lucía una pañoleta de animal print en su cabeza y para nuestra conversación se maquilló las mejillas con un rubor rosado intenso.

Con genuina humildad nos abrió las puertas de su casa y nos invitó a sentarnos.

Sus carcajadas nos contagiaron y una frase que compartió sentada en unos escalones retumbó en los presentes, «tengo fe que esto cambie, solo le pido a Dios que sea pronto porque cuando uno llega a viejo, cada día que pasa es uno menos».

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