lunes, septiembre 20, 2021

A 20 años de las torres gemelas

Cada día toma mayor fuerza la versión según la cual, el 11 de septiembre del 2001 marcó un antes y un después para los estadounidenses, quienes sufrieron uno de los peores y lamentables ataques de toda su historia, durante el cual murieron calcinadas casi tres mil personas en un lapso de dos horas.

Ni siquiera el ataque japonés a la flota de Estados Unidos de Pearl Harbor, aquel 7 de diciembre en el Pacífico, ha arrastrado tanta frustración como la que produjo un psicópata paranoide llamado Osama Bil Laden y su manada de psicóticos, al estrellar dos aviones comerciales contra las torres del World Trade Center, aquella mañana fatídica en el sur del condado de Manhattan.

En lo personal, no sólo lamenté y condené el ataque y el número de muertos, sino que aún, después de 20 años, me siguen sorprendiendo versiones absurdas de personas amigas y de personas desconocidas, según las cuales, fue el propio gobierno encabezado por George Bush el que perpetró la masacre.

Poco virtuosa, absurda e incomprensible esa versión que es sostenida, normalmente, por gente de izquierda que suele apoyar todo lo que de malo pueda caer sobre los Estados Unidos. No tengo razones para defender en forma ilusa a este país, pero tampoco se puede aceptar la posición que esa misma gente defiende y asegura, al señalar que, mientras los Estados Unidos son invasores tradicionales, el bloque soviético se ha metido en muchos países solo por necesidad imperiosa».


¿Es que acaso hubo una complicidad tan combinada y extendida que después de 20 años, no haya ningún elemento que comprometa la responsabilidad cierta del gobierno de ese momento? Quienes, equivocadamente, sostienen esa versión, de que el propio gobierno organizó la tragedia, suelen asegurar que «en la base de las torres fueron colocados los explosivos y por eso las dos torres se desplomaron en forma curiosamente vertical».

Estos analistas de izquierda olvidan que las torres gemelas estaban edificadas, no a base de concreto, sino a base de hierro y acero, los cuales tienden a «derretirse» con temperaturas de 1.200 a 1.500 grados, tal como ocurrió.


Por mucho que pueda criticarse a ese país, allí hay una clara separación de poderes y la justicia es radicalmente implacable, independientemente de quien sea el responsable. Es que acaso se olvida la humillación mundial que debió enfrentar el presidente Bill Clinton durante varias semanas, cuando se presentó la posibilidad de abandonar su cargo y ser enjuiciado, no por infidelidad o actos lascivos con su secretaria, sino por mentir bajo juramento.

Las versiones que responsabilizan a Bush y al alto gobierno en la tragedia del 11 de septiembre, no resisten un análisis serio.

Sólo unos cuantos meses hubieran sido suficientes para comprobar sus responsabilidades y ya estarían cumpliendo dos o tres cadenas perpetuas continuas.

La sombra de la acción terrorista de esa mañana, todavía salpica a los estadounidenses, al punto de que hace sólo algunas horas, pruebas de ADN permitieron conocer las identidades de tres personas más que murieron ese mismo día, como consecuencia de la acción terrorista.

Esos mismos grupos también, equivocadamente, le están atribuyendo «una gran derrota a los Estados Unidos en Afganistán y casi que aplauden que ahora ese país esté gobernado por terroristas, fundamentalistas, asesinos de mujeres y violadores de todos los derechos humanos posibles.

Si algo debe reconocerse a los protagonistas del ataque del 11 de septiembre, es la organización previa y que con los propios aviones del país del norte, hayan tumbado las torres y hayan estrellado otro en El Pentágono, considerado el corazón militar y estratégico de los Estados Unidos .

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