lunes, septiembre 27, 2021

¡A 1 DÓLAR, A 1 DÓLAR! Cómo la potencia petrolera se convirtió en un país de buhoneros

La crisis que sigue empeorando en Venezuela, orilla a cada vez más gente y muchos profesionales a convertirse en buhoneros

Camisas, chocolates, jugos, cigarrillos… El bulevar de Catia, al oeste de Caracas, está repleto de comerciantes informales o buhoneros. Ofrecen todo tipo de productos en dólares en una Venezuela en crisis. Es una especie de juego diario, entre la poca venta y el «soborno» de policías.

Sentado en un banco de hierro está Eduard Delgado, de 20 años, con una nevera portátil en la que guarda jugos. Intentará venderlos durante el día.

«Desde hace dos años venimos emprendiendo de manera informal, vendiendo algún producto que salga el mismo día», dice. El joven depende de esta venta que hace en moneda extranjera para vivir. Incluso así se lamenta. «Tampoco es que da mucho para estar tranquilo», señala.

«A un dólar, un dólar, un dólar», se escucha al fondo y prácticamente en coro en el bulevar. La voz de un niño logra sobresalir entre tantas. El pequeño está parado a ras de avenida y tiene en la mano chocolates para la venta.

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Todo se vende en dólares

La mayoría de los artículos se comercializan con la divisa estadounidense. Todo pasa por la debilidad del bolívar y su limitada capacidad de compra.

Nadie se ha detenido en el improvisado puesto de Eduard. Está preocupado porque no ha hecho la primera venta del día, pero no pierde la esperanza.

«Tienes que jugarla a diario para ver como resuelves», dice. Él se graduó de técnico en comercio exterior. Pero, es una profesión que no puede desempeñar en un país cuya crisis alcanza, incluso, hasta los empleos más cualificados.

«Es muy difícil conseguir empleo (formal) y si lo consigues (el sueldo) es muy poco», agrega Eduard. Con su trabajo informal consigue un dólar de ganancia, por cada seis jugos que vende.

A pesar del escaso beneficio, asegura que «se obtiene más dinero trabajando en la informalidad que en una empresa».

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Subpagados e industrias cerradas

Según explica, en una empresa «tienes que hacer hasta el trabajado de ocho personas porque no hay empleados (…) se fueron por el sueldo (…) no tiene sentido (…) cuando cobras no te alcanza», alega.

El presidente del gremio de Conindustria, Luigi Pisella, dijo a la agencia Efe que la remuneración en las empresas privadas «no está acorde con los ingresos que debería recibir cualquier trabajador».

Y es que Venezuela ransita por su octavo año en recesión y cuarto de hiperinflación. Esto redujo la capacidad de compra del ciudadano de a pie.

Según Pisella, en promedio un empleado del sector industrial gana «90 dólares mensuales». Y en el sector comercio recibe «alrededor de 66 y 70 dólares».

«Por eso se ha ido mucha gente a la informalidad. No hay fuentes de trabajo y no se remunera a nuestros trabajadores como se lo merecen», explica Pisella.

En los últimos 20 años, miles de industrias han cerrado, no están operativas, o están subutilizadas. Esto ha desencadenado pérdidas de empleos. «Al sol de hoy 2021 somos alrededor de 2.000 industrias, generamos 532.000 empleos de manera directa e indirecta.

«En el año 1998 nosotros teníamos 12.400 industrias (…) y generábamos de manera directa e indirecta a empleos cercanos a 1 millón 480.000 trabajadores», dice Pisella, que recuerda que «el salario mínimo se ubicaba en 389 dólares» hace 23 años.

Migrar a la informalidad

La presidenta del Consejo venezolano de Comercios y los Servicios (Consecomercio), Tiziana Polesel, comentó a Efe que muchos comercios están migrando a la informalidad por el aumento de impuestos municipales que muchos no pueden pagar por las bajas ventas.

Polesel agregó que «el emprendedor que está naciendo hoy no tiene posibilidades de irse a la formalidad por lo costoso que es, por lo problemático que es».

«Hay una medición del estado Zulia que reporta que en los corredores viales comerciales de la ciudad más del 60% de los locales están cerrados, estamos hablando de que esos locales cerraron sus puertas por los problemas y los aumentos desproporcionados de impuesto. Entre 30% y 40% migró a la informalidad», estima.

Se gana más

A unos pocos metros de Eduard está Anderson Sánchez, 30 años, que dice a Efe que, desde hace cuatro años, prefiere la economía de calle que los beneficios de un trabajo formal.

«¿Un sueldo mínimo para que te alcanza? Más se gana en la calle», dice Anderson, que sostiene unas camisetas que él fabricó y que aspira vender por 2,5 dólares cada una. «Tengo un pequeño taller en el que fabricamos y acá lo vendemos», cuando la Policía se lo permite.

«Los policías nos matraquean (extorsión) siempre para vender acá, siempre te cobran para dejarte vender, no le das y te quitan la mercancía (…) al día (hay que darles) dos dólares, tres dólares y los sábados cinco; suma todo eso a la semana» responde.

Anderson saca la cuenta rápido y dice que puede ganar entre «100 dólares y 150» en una semana, que invierte en su negocio.

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